Una mirada analítica sobre las fiestas electrónicas y crítica sobre cómo se comunica

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Adrián Leandro es un habitué a este tipo de eventos. Luego de lo ocurrido en Costa Salguero y siendo partícipe de la fiesta se desarrolló el 29 de abril en el salón Metropolitano de Rosario donde cuatro jóvenes debieron ser hospitalizados, cuenta en primera persona cómo es esta movida donde “amor por la música te moviliza y se contagia una especie de energía” entre los que asisten.

La materia hablemos sin saber es una de las que desde chicos empezamos a incursionar. El decir por decir, el juzgar por el simple hecho de no entender que hay otra realidad, el culpar siempre al otro es moneda corriente en esta sociedad. Luego de la tragedia de Costa Salguero donde cinco chicos murieron y otros cinco inmediatamente después de la fiesta terminaron en terapia intensiva peleando por sus vidas, trajo un sinfín de comentarios. Algunos lamentándose por los chicos, otros culpando a los padres, otro grupo echándole la culpa a los organizadores y algunos cuantos catalogando a los jóvenes como “faloperitos”.

Hablar sin saber es fácil, pero cuando esto se hace hay que pensar en qué le pasa al otro. Al receptor, al que espera la palabra de un profesional que aclare el panorama o eche un poco de luz en un tema que no venía estando en la agenda de los medios de comunicación. Y también analizar cómo los asistentes a este tipo de fiestas toman lo informado.

Para conocer un poco más de este “mundo”, que en verdad es el mismo que compartís vos, yo, él, todos, sólo que con gustos musicales distintos, RosarioNoticias.info intentó ahondar y tener la palabra de un joven que asiste a este tipo de fiestas y que se divierte bailando al compás de la música electrónica, pero que después es receptor de las cosas que se comunican en los medios y que a su parecer él los llama “medios de (in)comunicación”.

Adrián Leandro fue a la fiesta electrónica que se realizó el viernes pasado en el Salón Metropolitano. Si bien no recuerda cómo fue que se enteró de este evento, por lo general explicó que “aparecen en Facebook” o mediante el boca a boca de su grupo de amigos con los cuales asiste a los shows.

Tanto en esta fiesta, como en otras, Adrián aseguró que en todas “hubo controles”. “Primero te controlan la identidad y luego te revisan tus pertenencias”, ahondó. Si bien confesó que quizás en la fiesta del 29 de abril “fueron más estrictos” con la cantidad de público que asistía, tras lo ocurrido en Costa Salguero, “por lo general siempre hay más gente de la permitida” y puso el énfasis en la cabeza de este tipo de espectáculo: “Si es por los organizadores van a tratar de meter la mayor cantidad de gente posible para ganar más dinero”.

Las muertes de los jóvenes en la Time Warp estuvieron en boca de todos. Pero más allá del análisis que se haga respecto de lo sucedido, es importante saber qué les pasó por la cabeza a los jóvenes que van a estas fiestas y que podrían haber sido ellos. “Pasé por varios estados emocionales. Al comienzo una especie de desconcierto e incertidumbre ya que no es común que mueran personas en las fiestas electrónicas. Luego bronca e impotencia por como los medios de (in)comunicación trataban el tema. Hubo mucho amarillismo. Mucha gente ‘profesional’  hablando y opinando sin saber, desinformando. Por último experimenté cierta angustia y tristeza, no solo por las víctimas, sino también por pensar que me pudo haber ocurrido a mí o a cualquiera de mis amigos”, confesó.

“En el medio de este torbellino de emociones me puse a investigar sobre el tema. Recopilé datos de los relatos de los asistentes que los encontré en un grupo de Facebook que tenemos las personas que frecuentamos las fiestas electrónicas”, manifestó Adrián Leandro. Y prosiguió: “Es claro que lo ocurrido es responsabilidad de los organizadores y de una falta de control por parte del Gobierno. Se quiere simplificar responsabilizando a quienes consumieron algo. Sin dejar de admitir que hay una cierta responsabilidad por quien consume, hay una mucho mayor de los que organizan”. “Si sobrepasan el límite de capacidad de forma tan considerada, si venden el agua a precios excesivos, si cortan el agua de las canillas, y demás irregularidades, es algo que el asistente no puede controlar y manejar. Te ves atrapado en esa situación”.

Parece que ir a estas fiestas es sinónimo de tomar drogas de diseño, pero Adrián aclaró que si bien la oferta está, no todos ingieren estupefacientes: “No sé si el 90% de la gente que va, consume. Pero sí una gran parte”.  Y al ser consultado si en el evento de Metropolitano le ofrecieron relató: “En ésta no, pero sí en otras. De todas maneras, teniendo en cuenta las fiestas que asistí, fueron pocas las que me han ofrecido alguna droga. En este tema se dijeron muchas cosas que no son verdad en los medios. Creo que entre quien vaya a vender y quien quiera comprar, de alguna manera se buscan y se encuentran, sea por miradas, movimientos o algún código que manejen entre ellos. Si estas con tus amigos bailando, nadie va a venir a interrumpir ofreciéndote algo”. Además consideró que “no es necesario tener ningún tipo de ayuda” para soportar las seis o 12 horas que pueden durar estas fiestas. “El mismo amor por la música te moviliza y se contagia una especie de energía entre los que asistimos”, dijo.

Luego de la editorial de Mario Pergolini titulada “El dealer no es amigo” donde el famoso conductor hace hincapié en que “no es la música” la culpable, sino “es uno y su contexto”. Adrián Leandro manifestó: “No se puede negar que hay un gran consumo de drogas, específicamente de éxtasis, pero tomar a la música electrónica como sinónimo de drogas es claramente un error. No son pocas las personas que eligen no drogarse”.

La iniciativa de la Municipalidad de informar sobre las consecuencias de las drogas en este tipo de fiestas es bien recibida por Adrián Leandro: “Me parece genial. La información es una herramienta importante que te permite elegir conscientemente y saber cómo manejarte. Si bien hay mucha información en internet, las fuentes suelen ser de dudosa procedencia. Sería bueno que se informe de manera clara, dando la libertad de elegir, sin generar miedo”. Y concluyó: “El problema no es necesariamente el éxtasis, sino las pastillas en sí, que no se puede saber realmente que contienen. Al ser ilegales no hay ninguna entidad que las regule y controle. Es por eso que la legalidad me parece una de las alternativas más acertadas. Es un tema amplio y debatible que va a depender de cómo sea la situación de cada sociedad”.

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