Un empate...como en los viejos tiempos

|| Opinión
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Pareciera que para que nadie salga perjudicado, para que no haya violencia, para que todo sea en paz debía terminar en cero el clásico rosarino. La verdad, lamentable. Por un momento, el tiempo volvió atrás y lo lindo y divertido de este tipo de encuentros se esfumó sin goles y con varios gritos atragantados por parte de los hinchas.

Ahora bien, ya con el resultado puesto y hablando con el diario del lunes. ¿Se dan cuenta que las presiones no sirven? Que hay que entender de una vez por todas que las amenazas no ganan partidos, que sólo generan malestar y miedo en algo que no se maneja con emociones. Jugar a la pelota no es una ciencia exacta y a veces puede fallar.

Los dirigidos por Osella seguramente vivieron una gran alegría el jueves cuando fueron al banderazo, pero esa ilusión por ganar el clásico se pudo haber transformado en temor al cómo iban a jugar, al ver ese cartel amenazante en la popular. Se genera malestar, y si bien hoy la Lepra mostró lo mejor de sí, cuando la pelota no entra no hay matar o morir que valga.

Basta de amenazas. Hay que entender que el fútbol es un juego, que a veces se gana y otras se pierde. Si bien hoy a los dos les servía quedarse con los tres puntos cuando las cosas no se dan, no hay vuelta atrás. Si ves que tu equipo da lo mejor de sí, porque jugadas claves no faltaron, de qué sirven las intimidaciones. A nivel pasión, no hay país que nos gane, pero hays que aprender que la pasión no tiene que ir acompañada de la violencia o de la represalia. No, así no es. De esta manera es como lamentablemente el ritual familiar de muchos, de partir temprano a la cancha para ver reserva y corear los cánticos, dejó de ser un hábito para transformarse en algo muy esporádico o directamente inexistente.

Mucho más lindo es cuando hay un ganador y hay que aprender a ser un justo perdedor. Pero hasta que como sociedad no vayamos a rendir la materia convivencia y respeto por el otro, por más que no comparta los colores, serán mejores los empates, el deseo de muchos para evitar la violencia, como en los viejos tiempos.

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