Trump, un presidente que se les parece

|| Opinión
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Cuando uno generaliza indefectiblemente termina cometiendo un acto de injusticia, pero queda claro que mayoritariamente la sociedad norteamericana se asemeja bastante a su flamante mandatario. Hay dos cosas que dan cuenta de esas similitudes. La primera es que ganó las elecciones. La otra hay que buscarla en la gestión de Barak Obama.

Conmoción, asombro, desazón son algunos de los calificativos que se utilizaron luego de la confirmación de que Donald Trump se había convertido en el 45°presidente en la historia de los Estados Unidos. Salvo algunas pocas excepciones, en el mundo casi todos rogaban por el triunfo de Hillary Clinton coincidiendo en las dificultades que podría acarrear que la mayor potencia mundial estuviera gobernada por un racista, misógino y xenófobo como el magnate neoyorquino. Sin embargo, este republicano que se alzó con el triunfo casi en soledad, con los medios en contra y con un aparato político que le dio la espalda, durante la campaña presidencial no prometió nada que el gran país del norte no haya hecho alguna vez.

La afirmación cada pueblo tiene el gobierno que se merece con el tiempo mutó a cada pueblo tiene el gobierno que se le parece. Hay quienes sostienen que la frase se adjudicó erróneamente a Maquiavelo, pero en realidad es del italiano de Maistre. Más allá de a quién pertenezca, la máxima (en su versión modificada) sirve para explicar el triunfo de Trump. Cuando uno generaliza indefectiblemente termina cometiendo un acto de injusticia, pero queda claro que mayoritariamente la sociedad norteamericana se parece bastante  a su flamante mandatario.

Hay dos cosas que dan cuenta de esas similitudes. La primera es que ganó las elecciones. La otra hay que buscarla en la gestión de Barak Obama. Fue casi revolucionario hace ocho años ver que por primera vez en la historia un afroamericano entraba a la Casa Blanca ungido presidente. Y lo fue no solamente por su color de piel, sino por sus promesas. Habló de modificar el sistema de salud norteamericano, tan cruel para los que están fuera del sistema. De desarmar a una sociedad con niveles de violencia extrema, a tal punto que tiene una organización que defiende a capa y espada el derecho de estar armados (la famosa segunda enmienda). También dijo que iba a cerrar la cárcel de Guantánamo. Nada de eso pudo hacer. Es cierto que las corporaciones son muy fuertes, pero queda claro que ese poder a los americanos les cae bien.

Los norteamericanos eligieron norteamericanismo en su máxima pureza. Por si hace falta aclararlo, nadie pensaba que Clinton tuviera como meta cumplir con las promesas de Obama. Si de promesas se trata, las de Trump no fueron ninguna novedad para los habitantes del gran país del norte.

Cuando Tramp hablaba de cerrar la economía, lo que hay que recordar es que en realidad Estados Unidos siempre practicó el proteccionismo. El libre comercio lo exigió a la hora de colocar sus productos. Cuando en sus discursos arremetía contra los inmigrantes y amenazaba con deportarlos, hay que recordar que Estados Unidos nunca dejó de utilizar ese recurso. Ni habar de los crímenes cometidos por el Estado a través de la policía contra los negros. Lo que sí sorprendió es que en algún momento dijo que no quería más intervenciones militares en otros países. Da la sensación que esta será la promesa más difícil de cumplir.

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