Triple fuga: 15 días que paralizaron al país

|| Opinión
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El 27 de diciembre de 2015, a las 2.30 de la mañana, Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci se fugaron del penal de máxima seguridad de General Alvear. Los condenados por el triple crimen de la efedrina no usaron ni un sofisticado túnel, como el “Chapo” Guzmán, ni salieron a los tiros de la cárcel. Simplemente, escaparon en un Fiat 128 con un guardiacárcel como rehén, a quien liberaron a las pocas cuadras de ganar la calle. ¿Zona liberada?

Como primera medida, la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, descabezó a la cúpula del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Además, la flamante mandataria ofreció una recompensa de $2 millones de pesos para dar con los evadidos. Más allá de las buenas intenciones, la insólita fuga dejo al descubierto una red de complicidades que facilitaron el escape de los condenados.

Ante este panorama, surgieron las chicanas por la extraña fuga. De esta manera, Aníbal Fernández habló de devolución de favores e instó a que los evadidos aparecieran vivos. Así, mientras los políticos se pasaban factura vía twitter -nuevo escenario de las disputas políticas, versión 2.0- se daban los primeros incidentes entre los prófugos y las fuerzas de seguridad encargados de atraparlos.

El primero de los hechos se dio, el jueves 31, en la localidad bonaerense de Ranchos. Allí, durante un control vehicular de rutina, los policías Fernando Pengsawath y Lucrecia Yudati fueron baleados por los prófugos, adelantando una saga digna de CSI, pero con locación en las pampas. Al día siguiente, la ex suegra de Cristian Lanatta, Elvira Susana Martínez, denunció que éste fue hasta su casa de Berazategui y le robo una camioneta Kangoo y dinero en efectivo.

Así, los evadidos se movían en territorio bonaerense, conocido por los prófugos, pero cada vez más cercados por las fuerzas de seguridad. En ese marco, fue detenido el jefe de Hinchadas Unidas Argentinas, y presunto barrabrava de Quilmes, Marcelo Mallo. Se lo detuvo ante la sospecha de estar vinculado a los prófugos. A su vez, el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, resolvió apartar de la búsqueda a la cúpula de la de la Coordinación Departamental de Investigaciones (CDI) Quilmes.

Mientras los funcionarios tomaban medidas sobre el entorno, los prófugos seguían en libertad y burlando los operativos de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, el teatro de operaciones ya no era el mismo.

El jueves 7 se produjo un tiroteo en territorio santafesino entre los prófugos y Gendarmería nacional. El hecho ocurrió en la ruta 11, a la altura de Coronda. Ya en un escenario desconocido para los evadidos, el operativo cerrojo fue acorralándolos y obligándolos a huir por caminos rurales que, sin contar con el conocimiento de baqueanos o lugareños, hacían que el desenlace fuera inminente.

No obstante, cayó la noche y los rastrillajes en los maizales y montes no dieron sus frutos. El viernes fue un día de mutismo oficial. Casi no hubo novedades y los funcionarios no quisieron dar pasos en falsos.

El sábado 9 detuvieron a Martín Lanatta en la localidad de Cayastá. En un primer momento, se informó que se habían capturado a los tres prófugos. Es más, hasta el presidente de la Nación, Mauricio Macri, había felicitado, vía twitter, a las fuerzas de seguridad por el “trabajo en conjunto” realizado.

Sin embargo, Cristian Lanatta y Víctor Scuillaci continuaban prófugos, lo que generó una andanada de críticas ante el yerro comunicacional. Las redes se hicieron un festín con el fallido del Gobierno nacional.

No obstante, el desenlace era inminente. Cansados, heridos y cercados Cristian Lanatta y Víctor Schillaci fueron finalmente capturados el lunes 11. Los detuvieron en una arrocera de Cayastá.

Atrás quedaban unos 15 días con teorías varías, conspiraciones de toda índole, pistas falsas, pueblos que vieron interrumpida su tranquilidad habitual, rastrillajes nocturnos y controles puerta a puerta y auto a auto. Con los condenados nuevamente tras las rejas, habrá que investigar las “redes de complicidad” denunciadas por el Gobierno.

Además, habrá que indagar sobre los vínculos políticos, policiales e institucionales que facilitan este tipo de fugas, donde tres evadidos se burlan de los controles policiales durante 15 días y caen más por cansancio que por un accionar coordinado de las fuerzas.

El narcotráfico avanza en todo el mundo. Los especialistas suelen decir que, una vez instalados, estos grupos delictivos empiezan a impregnar todas las esferas del estado. Por eso, se requiere de premura y de políticas públicas que combatan firmemente este flagelo, para que este tipo de operativos los miremos en canales de series y no en Ranchos, Coronda, San Carlos Sur o Cayastá.

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