“No se trata de vivir del pasado, sino de no destruir nuestros legados culturales”

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Así define a su opera prima Lisandro Carcavallo, director de la película “Cemento: el primer germen de la democracia”. Este viernes llega a Rosario el documental sobre la discoteca que creó en 1985 Omar Chabán y se convirtió en un bastión de la cultura musical argentina.

Por Nicolás Colombo

Cemento nació en 1985, y generó un quiebre en la cultura argentina que venía de salir de la dictadura. La discoteca que creó Omar Chabán alojó a todas las bandas que transitaron por la música argentina de los últimos 30 años. Así lo creyó Lisandro Carcavallo, director del documental “Cemento: el primer germen de la  democracia” que buscó reposicionar en la memoria colectiva al recinto que resultó un pilar fundamental para la historia moderna del rock argentino. Este viernes a las 21, el bar Berlín tendrá la visita del director y la cinta será proyectada por primera vez en la ciudad.

– ¿Por qué decidiste que tu ópera prima sea una película sobre Cemento?

– En principio por una reivindicación sumamente necesaria, por lo que significó y las oportunidades que dio, de un espacio que fue fundamental para nuestra cultura y para el desarrollo de nuestros artistas, y que lamentablemente hoy es un estacionamiento. También por mi experiencia personal en el lugar. Yo tengo 30 años y fui de la última camada. Hablando con una amiga me mostró una agenda que tenía, llena de entradas de Cemento, y le dije: “Che, tenemos que hacer algo con esto”. Y así empezó.

Simple y sencillo. Cortito y al pie. Con humildad, pero sabiendo que es parte de algo grande. Algo tan grande que llegó a unir en la misma película a Ricardo Iorio y Ale Sergi de Miranda, pasando por Mosca de 2 Minutos. Algo que hizo emocionar a Katja Alemann y también a Edu Schmidt. Así de grande es el documental, porque así de grande era Cemento, un recinto que, apadrinado por Omar Chabán, vio nacer a bandas como Los Redondos, Riff, La Renga, Sumo, Divididos, Attaque 77, Los Violadores, Las Pelotas, Hermética, Los Piojos, Miranda y Bersuit, solo por nombrar algunas.

– ¿Cómo llegaste a conseguir las notas? Porque hay figuritas difíciles.

– Fue un laburo de producción muy intenso. No paramos de mandar mails, hablar por teléfono, hablar con managers, con prensas, amigos personales de los músicos. Trabajamos muchísimo para conseguir cada nota. Además, hicimos algo que no se suele hacer, que es sacar un tráiler a más de un año del estreno, porque sentimos que era la única forma de mostrar que lo que estábamos haciendo iba en serio y con respeto. Una nota fue llevando a la otra. Y más allá de todo, creo que lo importante fue que del otro lado había ganas de contar esta historia.

– ¿Y por qué creés que estaban esas ganas?

– Porque Cemento fue un lugar de oportunidades y muchas personas creen que le deben mucho. Hay bandas que hoy llenan el Luna Park y en ese momento llevaban 40 personas. Entonces había que rescatar ese espacio que había quedado relegado y claramente necesitaba un revisionismo. Pensá que Cemento nace con una democracia que recién comenzaba, nace el mismo año que la Rock & Pop, que el Suplemento Sí. Fue un momento de una contracultura y un estallido muy grande en el país, y Cemento fue bastión de todo eso.

– ¿Te quedó la espina por alguna nota que no pudiste conseguir?

– Estuvimos a punto de entrevistar a la Mona Giménez, que justo tuvo un problema en la garganta y lo tuvieron que operar. Hubiese estado bueno saber cómo fueron sus shows ahí. Lo mismo con Pablo Lezcano, que justo estaba de viaje cuando lo llamamos. Esos dos hubiesen estado increíbles  porque hubiera sido una mirada muy distinta al lugar.

Cemento estaba desprovisto de todo, era, valga la redundancia, un cubo de cemento. Pero las bandas soñaban con tocar ahí. No soñaban con tocar en Obras, querían llenar Cemento. Era el escalón fundamental. El primer paso.

– ¿Hoy no hay un lugar como Cemento?

– Hay lugares que apuestan, que dan oportunidades y lugar a las bandas, como el Salón Pueyrredón, La Cultura del Barrio, y seguramente en otras ciudades habrá otros. Los tiempos cambiaron. Antes te enterabas del show por un flyer, ahora por un evento de Facebook. Antes para saber si una banda sonaba bien los tenías que ir a ver o que un amigo te de un cassette, ahora ponés Youtube o Spotify y ya está. Entonces creo que hay cierto romanticismo o mística que ya no está. Si bien nuestro país tiene un under maravilloso, con un montón de bandas, creo que hoy no hay un lugar con capacidad para más de mil personas que les dé lugar como se lo dio Cemento.

– De alguna manera, la película termina brindando cierto “apoyo” a la figura controversial de Omar Chabán…

– Yo no creo que él haya sido inocente con lo que pasó en Cromañón. Él fue tan responsable como lo fue el Estado y lo fueron otros, hubo mucha desidia y mucha corrupción. A mí los 194 pibes me dolieron como a cualquiera. Pero sin dudas no puedo negar lo que hizo como gestor cultural. Tuvo el Café Einstein en época de la dictadura, y después abrió Cemento, que le dio oportunidades a Sumo, Los Redondos, La Renga, Las Pelotas, Divididos; viniendo más acá a Babasónicos, Massacre, Kapanga, Carajo, Los Brujos, y así puedo nombrarte a todo el rock nacional. Entonces, para la cultura tuvo un aporte fundamental, pero después se equivocó, no hay dudas. Pero no fue el único. En los 90 y principios del 2000 toda la escena era una porquería, los lugares no eran lo que son ahora. Y a partir de lo que pasó en Cromañón se cerró todo, lo que evidenciaba una falla general.

El 30 de diciembre de 2004 todo cambió. Mientras la banda Sancamaleón brindaba su show en Cemento, comenzaron a llegar rumores que en el boliche que Chabán tenía en Once, República Cromañón, había un incendio. Durante un show de Callejeros, 194 personas perdieron la vida. La tragedia marcó toda la escena de rock en Buenos Aires. Chabán fue encarcelado, los lugares para tocar comenzaron a cerrar y Cemento no fue la excepción. Las puertas del mítico edificio volvieron a abrirse en 2017 para la proyección estreno de la película de Carcavallo.

– ¿Cómo viviste la reapertura de Cemento para la primera proyección de tu película?

– Fue espectacular terminar la premiere y ver a Maikel de Kapanga emocionado, o a Edu Schmidt cantando y quebrándose. Pero fue una noche muy emotiva. Todas las devoluciones que me hicieron fueron muy favorables.

– ¿Cuál es tu reflexión personal sobre la película terminada?

– Me pongo a leer las devoluciones de muchos diarios y medios y no lo puedo creer, estamos felices del resultado. Pudimos mostrar algo que hasta ahora no se había visto en ninguna película o síntesis de esa época. No se habla de ningún movimiento o banda específica, se habla directamente de un lugar, una generación y una etapa que fue tremenda. Y creo que lo más rico que tiene la película es la posibilidad de poder entender a través del material. Porque no se trata de vivir del pasado, sino de construir, de aprender y de no destruir nuestros legados culturales, es básicamente eso. Permite que justamente nos demos lugar a la reflexión. A preguntarnos en dónde estamos, qué cultura consumimos, qué cultura permitimos que nos llegue, qué agarramos, qué no. Y creo que es importantísimo.

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