Miedo y cambio de hábitos, la otra cara de la inseguridad

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La ola de violencia que atraviesa la ciudad modifica patrones de conducta. Incremento en la contratación de alarmas, compra de rejas y protocolos de prevención, entre las distintas medidas que toman los vecinos de Rosario. La mirada de especialistas.

La grave crisis de seguridad pública que vive Rosario deja huellas en la psiquis de la gente. Así, seamos víctimas directas o no de un hecho violento, todos tomamos recaudos y estamos en un estado de alerta para evitar situaciones desagradables. Además, esto se traduce en cambio de conductas que van desde contratar un sistema de alarmas, poner más rejas en las casas o instrumentar protocolos de seguridad caseros.

“Hay un impacto en la gente porque esa sensación de inseguridad hace que la gente se crea vulnerable. Ante esa situación se busca la forma de sentirse menos vulnerable y ahí es cuando la gente decide poner más alarmas, rejas y después se dan los cambios cotidianos, como salir en distintos horarios o tratar de no llegar tan tarde. Es decir, todo lo que vivimos a diario”, señaló Silvina Vaghetti, licenciada en Seguridad y Coordinadora General de Operaciones en El Centinela, en diálogo con Rosarionoticias.info.

A su vez, la mirada de la psiquiatría también pone de relieve un fenómeno que no es nuevo, pero que afecta nuestra vida cotidiana. La médica psiquiatra María de los Cielos Rodríguez, cita un síntoma que fue descripto como “estrés por amenaza traumática”, un concepto introducido hace unos años por el doctor Alfredo Cia en la ciudad de Buenos Aires, en momentos en que la capital del país también sufría de manera sostenida hechos de violencia.

“Estamos hablando de un estado de ansiedad, estrés o alerta que genera la posibilidad de pensar de que uno puede vivenciar un episodio de inseguridad. Tiene que haber un terreno predisponible, ya que hay personas que tienen el trastorno de ansiedad generalizada, donde pueden imaginar un escenario desfavorable y están preocupados por los que no están en casa”, señaló.

Y luego añadió: “Alguien se demora y piensan que seguro que les pasó algo. En esos casos particulares, la situación actual es un abono perfecto para esos temores y ansiedades, pero la gente que nunca tuvo esa actitud frente a la vida está viviendo situaciones que no son precisas. Si bien uno no recibe a las personas con este motivo de consulta, en terapia aparece como condimento la situación de las personas que salen temprano, que vuelven tarde o los que tienen que entrar los autos. Hay como un plus con esta situación de la inseguridad, ya que agrava todas las patologías”.

En este marco, se adoptan medidas de prevención que van modificando conductas y hábitos. Por eso, la gente se organiza para no ir sola a toma el colectivo o coordinan la entrada de los autos con otros familiares. Uno de los receptores de estos cambios es Diego Giuliano, presidente de la Comisión de Seguridad del Concejo, quien todas las semanas recibe las quejas de los vecinos que tienen que modificar sus actividades para evitar hechos de violencia, incluso generando protocolos de seguridad “caseros”.

“El caso más terrible fue el de la familia Bertini, que habían hecho todo un protocolo de seguridad, donde uno esperaba al otro cuando ingresaba al garaje y ahí concluyó con la entradera que terminó con la vida de Mariano Bertini”, recordó Giuliano sobre este emblemático caso, ocurrido en agosto de 2014, en barrio Echesortu. “Hay gente que no se quiere ir de vacaciones para no dejar la casa sola”, graficó el concejal, dando a entender cómo la inseguridad afecta nuestras costumbres.

El bombardeo de información sobre ésta temática puede operar de distintas maneras en la cabeza de la gente. Por un lado, puede abrumar y por el otro puede generar un mayor estado de alerta. “Los dos extremos son malos. Estar sobreinformado, escuchando este tipo de noticias durante todo el día, genera un clima de malestar. Antes le decía a la gente que dejen de mirar el noticiero y estén atentos, pero hoy ya no hago esa recomendación porque la negación, que es el otro extremo,  hace que la gente ande muy distraída en la calle. Estamos viviendo una situación más compleja cada año y la información hace que la gente se cuide más, no creo que empeore las cosas. Mi advertencia es que no hay que andar con miedo, pero sí atento” apuntó Rodríguez.

Con todo, las medidas preventivas anunciadas por el municipio, que incluyen un mayor control sobre las motos en horarios nocturnos y un seguimiento a los comercios que puedan tener una vinculación con el mundo del delito como las armerías, fueron vistas como insuficientes por Giuliano y por Vaghetti. Sobre todo, si no se encara el problema desde una mirada integral a una problemática tan compleja.

“Estas medidas aisladamente no pueden hacer nada si no son capaces de reconocer el problema. Hay que declarar la emergencia en seguridad por 180 días en Rosario y destinar recursos para la prevención”, señaló el edil.

Vaghetti, por su parte, habló de un abordaje integral. “Las políticas de seguridad pública no se resuelven solamente con más policía o más gendarmería. Sí, es una pata, pero tienen que ir acompañadas de políticas sociales, laborales, económicas. Hoy además de una crisis de seguridad tenemos una crisis social muy profunda que conlleva al aumento del delito, y el aumento del delito tiene que ver con la estructura delictual”, señaló.

“Las políticas públicas de seguridad tienen que empezar a ser un tema de agenda política desde el estudio del delito. Hay que hace un abordaje integral y no quedarse con la idea de que sólo hace falta más policía. Tenemos que analizar las estructuras delictuales del crimen ya no tan focalizado solo en Santa Fe, sino a nivel país, incluso en Sudamérica. En Europa cuando accionan, lo hacen como un bloque. Si seguimos tratando de ver el árbol nos estamos perdiendo el bosque. El árbol lo talas y se terminó pero no podes talar todo un bosque”, redondeó.

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