Ley de salud mental: lo que falta para su plena vigencia

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La normativa, que fue sancionada en el 2010 por el Congreso, proponía un proceso de desmanicomialización, mediante un nuevo paradigma que busca evitar internaciones innecesarias. Incluso, se planteaba la prohibición de construir nuevos neuropsiquiátricos. Trabajadores de salud mental ponderan el espíritu de la ley, pero hacen hincapié en la falta de recursos para su plena implementación.

La ley 26.657, más conocida como ley de salud mental, fue aprobada por el Congreso en noviembre del 2010. Sin embargo, a casi seis años de su promulgación todavía no se ven cambios concretos para los usuarios. El objetivo primordial de la norma era evitar la internación de pacientes en los institutos psiquiátricos. Además, planteaba un cambio de paradigma, tratando, incluso, de prohibir la creación de nuevos manicomios o neuropsiquiátricos, ya sean públicos o privados.  

Julieta Morandi, psicóloga y coordinadora del Centro Cultural Gomecito, donde pacientes e internos del Agudo Ávila asisten a diversos cursos culturales y de producción, indicó a Rosarionticias.info que “el espíritu de la ley no se está cumpliendo”. En ese sentido, remarcó: “Para cumplir con la ley tendría que haber otros dispositivos para darle a la población en el momento de una crisis algún tipo de abordaje más particularizado. La ley es muy interesante en su letra pero no está del todo acompañada por la implementación”.

Así, la especialista indicó que faltan los dispositivos sustitutivos, como lo es el Gomecito, para que la demanda de los pacientes se pueda atender con más centros de día, centros productivos, casas de medio camino e internaciones en hospitales generales. Es decir, otros circuitos donde la persona con padecimiento subjetivo pueda acudir.

Cabe destacar que la ley, en su artículo 14, considera a la internación un recurso terapéutico restrictivo.

En esa misma línea, uno de los cambios medulares queda explicitado en el artículo 15 que establece: “La internación debe ser lo más breve posible, en función de criterios terapéuticos interdisciplinarios. Tanto la evolución del paciente como cada una de las intervenciones del equipo interdisciplinario deben registrarse a diario en la historia clínica. En ningún caso la internación puede ser indicada o prolongada para resolver problemáticas sociales o de vivienda, para lo cual el Estado debe proveer los recursos adecuados a través de los organismos públicos competentes”.

El tema de las internaciones es donde, precisamente, todavía se ven la falta de recursos o lógicas sustitutivas que la ley plantea. “Yo no estoy en contra de la internación, que a veces es una medida necesaria. El problema es cuando se cronifica. Después para que alguien no se cronifique necesitas contar con una serie de soportes para que no vuelva al mismo lugar del que vino”, explicó Morandi.

Por otra parte, el artículo 27 establece: "Queda prohibida por la presente ley la creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados. En el caso de los ya existentes, se deben adaptar a los objetivos y principios expuestos, hasta sus sustitución definitiva por los dispositivos alternativos".

El psiquiatra Jorge Marchetti, con orientación en psicología social, tiene sus reparos sobre este punto.  “Hay que ser cuidadosos con internaciones breves en hospitales generales, con equipos interdisciplinarios en los centros barriales, cooperativas de trabajo, casas de convivencia, centros de día, acompañamiento terapéutico. En fin, las distintas alternativas de atención no deben alejar a la persona de su núcleo social ni restringir innecesariamente su autonomía personal”, sostuvo.

Y agregó: “Por supuesto que estamos de acuerdo con los objetivos de la nueva ley de integrar y no discriminar a los pacientes psiquiátricos,  de respetar sus derechos humanos y demás. La cuestión es cómo se logra eso”.

Según la visión de Marchetti, “las instituciones psiquiátricas no son ni buenas ni malas en sí mismas, depende qué se haga en ellas”. “Así como existen otras instituciones médicas destinadas al mejor tratamiento de ciertas enfermedades o su rehabilitación, existen las que atienden los problemas psiquiátricos. Se trata de un criterio funcional y no discriminatorio”, abundó.

El Movimiento de Usuarios y Trabajadores en defensa de la Ley Nacional de Salud Mental, donde confluyen organizaciones de usuarios, dispositivos sustitutivos a las lógicas manicomiales, trabajadores municipales y provinciales, hospitales de atención primaria, centros de día, organizaciones sociales, colegios profesionales, sindicatos,  tiene entre sus principales objetivos la defensa de la Ley Nacional 26657, luchando por que el Estado concrete sus previsiones.

La concejala Norma López, quien se reunió con representantes del movimiento, planteó sus reparos con la designación de Andrew Blake al frente del actual Programa de Salud Mental. “La luz de alerta se encendió en diciembre cuando el nuevo gobierno nacional anunció la designación de un funcionario involucrado en la represión al Borda y el achicamiento de la red asistencial en salud mental en la ciudad de Buenos Aires: Andy Blake, cuyo primer anuncio fue el desarme de todo lo que se piense como equipos territoriales".

En ese sentido, la edila indicó que “con un gobierno como el macrista que concentra en grandes empresas la generación de acciones para que ciudadanos accedan  a sus derechos, tenemos dudas acerca del manejo de la salud mental desde la mirada economicista -un buen negocio- y biologicista, sin el sostenimiento del respeto a los usuarios”.

A pesar de esto, Morandi dijo que no han sufrido recortes presupuestarios. “Hubo algunos desarmes de proyectos nacionales, pero la mayor parte de la red en Santa Fe se sustenta en la Municipalidad y la Provincia. Las políticas nacionales no terminaron de incidir del todo y la provincia intenta mantener otra orientación. En Santa Fe se están haciendo algunas cosas vinculadas a la ley, es un intento saludable pero me parece que hay un desfasaje entre la ley y los recursos con los que se cuentan”, explicó.

Centro Cultural Gomecito

En este espacio, donde se dictan talleres de panificación, jardinería, alfabetización, yoga, cerámica, revista, y radio, entre otros, asisten uno 50 usuarios por día. Erigido en la esquina de San Lorenzo y Suipacha, su nombre fue designado en honor a uno de sus internos, Carlos Gómez,  quien pasó prácticamente toda su vida en ese espacio. “La otra pata en nuestro abordaje es tratar de que los usuarios puedan participar de algún proyecto productivo para que tengan sus ingresos”, redondeó Morandi.

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