La luna de miel entre Macri y Lifschitz

|| Opinión
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Tal como pasó con Menem, De la Rúa y Kirchner el socialismo arrancó apoyando al gobierno nacional. El líder de Cambiemos no pierde el tiempo y va a fondo con las medidas menos populares.

El presidente, Mauricio Macri, parece dispuesto a sacar el máximo provecho de la tradicional luna de miel con los ciudadanos, pero sobre todo usufructuar el blindaje mediático que viene recibiendo desde hace mucho tiempo por parte de los sectores concentrados. Pero como nada es para siempre -uno nunca sabe cuándo el grupo Clarín le puede soltar la mano- es vital no perder el tiempo. Por eso no le tembló el pulso, ni se sonrojó para nombrar a dos jueces de la Corte por decreto. Aprovechando ambas situaciones es que el líder del Pro parece animarse a ir a fondo de entrada. Es como el defensor que le pega una patada intimidatoria al jugador que le toca marcar antes de los cinco minutos de juego, consciente de que son muy pocos los árbitros que se animan a mostrar una amarilla apenas arranca el partido.

Pero la luna de miel que vive Macri no es únicamente con los ciudadanos. Las fuerzas políticas, aliadas y algunas no aliadas, también han puesto de manifiesto la decisión de esperar las acciones de gobierno antes de arrancar con los cuestionamientos. Esto muy a pesar de los anuncios de campaña que en muchos casos se daban de bruces con los principios ideológicos de muchos de quienes hoy están dispuestos a esperar lo que sea necesario, claro que después cuando cambien lisonjas por críticas les costará explicar por qué esperaron tanto.

Algo de esto está pasando con el gobernador de la provincia, Miguel Lifschitz, a quien se lo ve sumamente entusiasmado con el muevo mandatario. Desde ya que está en todo su derecho, lo que sí debería revisar su condición de socialista. Aunque a fuerza de ser sinceros es un ejercicio que también debería practicar su jefe político Hermes Binner quien no hace mucho manifestó: “Seguimos creyendo en la mano invisible del mercado”.

Pero volviendo al gobernador, es llamativa la tenue crítica que ensayó ante los medios sobre la decisión de Macri de nombrar a través de un decreto a los abogados Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti,  al sostener que espera “que esta medida sea la excepción y no la tónica del nuevo gobierno”. Algo parecido hizo su designado ministro de Justicia, Ricardo Silberstein, para quien se trata de una medida “discutible”.

No es la primera vez que el partido de la rosa se pega a un gobierno nacional, pero a medida que esa gestión va perdiendo ascendencia en determinados sectores de la sociedad, ellos se van alejando. Solo cabe recordar la muy buena relación de Héctor Cavallero cuando era intendente (todavía dentro del PSP) con el entonces presidente Carlos Menem. “Yo necesitaba que la Nación no dejara librada a su suerte a Rosario”, se justificó el “Tigre” años más tarde.

Ni hablar la relación de Hermes Binner, siendo la máxima autoridad de la ciudad, con Fernando De la Rúa. El socialismo fue una de las fuerzas políticas que formó parte de la Alianza. Luego hicieron un esfuerzo denodado por despegarse de “Chupete”, Cavallo y el “Grupo Sushi”, y al parecer lo lograron.

Después de la hecatombe 2001 llegó Eduardo Duhalde y su salida anticipada del poder. Fue el propio Binner, ya fuera de la intendencia y con Lifschitz ocupando ese lugar, uno de los primeros en subirse a las transversalidad propuesta por el fallecido ex presidente Néstor Kirchner. El romance duró poco y rápidamente se convirtieron en opositores. Con Cristina la relación fue mucho más distante, si bien acompañaron algunas iniciativas en el Congreso, la constante fue responsabilizarla de los males de la provincia una vez que alcanzaron el soñado objetivo de desembarcar en la Casa Gris.

Al parecer con Macri la temática no será distinta. Las declaraciones del gobernador en los últimos días hacen indicar eso. A la tenue crítica de los nombramientos de los jueces de la Corte por decreto hay que sumarle “la necesidad de rever la ley de Medios”. El socialismo votó a favor de norma más debatida en la historia argentina. Sin embargo, para Lifschitz en necesario “hacerle algunos cambios”. Conocido el historial, ahora resta saber cuánto durará la luna de miel entre el Presidente y el Gobernador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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