La grieta, hoy es más grieta que nunca

|| Opinión
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El ajustado triunfo de Mauricio Macri sobre Daniel Scioli por apenas 700 mil votos deja un país partido en dos. La famosa grieta de la que se viene hablando desde hace mucho tiempo, grieta de la que se responsabilizó de manera exclusiva al gobierno que se va, quedó bien plasmada ayer tras el histórico balotaje. 

El resultado de ayer le pone fin a algunas mentiras. Una de ellas es que la gente mayoritariamente se cansó de este modelo. Casi la mitad de los argentinos volvió a darle un voto de confianza a un gobierno que lleva 12 años de gestión con todo lo que ello representa, incluido el lógico desgaste.

Si alguien pensó que el triunfo de Macri podía servir para unir a los argentinos queda claro que se equivocó de cabo a rabo. Pero más grave que esto es la incertidumbre que genera la llegada del actual jefe de Gobierno porteño a la Casa Rosada. En su campaña el electo presidente se destacó por su retórica vacía. Hoy en conferencia de prensa sus respuestas volvieron a tener las mismas características.

No habló de sus potenciales funcionarios, no se refirió a su plan económico. Volvió hablar del respeto, de la unión de los argentinos, de la libertad de prensa, entre otras cosas intrascendentes. La duda que queda por develar es si la vacuidad de sus palabras tiene que ver con la imposibilidad de develar sus intenciones, o con que su capacidad para gestionar es tan básica como su oratoria.

Cualquiera de los dos escenarios de una enorme gravedad. Da la sensación que Macri no será quién gobierne la Argentina los próximos cuatro años. Los indicios llevan a pensar que por incapacidad o por propia decisión, los tecnócratas, los organismos internacionales volverán a tener una destacada injerencia en la vida política argentina.

Macri comenzó su derrotero hacia la Casa Rosada oponiéndose a los subsidios, a la jubilación de reparto, a la recuperación de YPF, de Aerolíneas, entre otras tantas cosas. Cuando vio que esto no garpaba mutó hacia un discurso un poco más tolerante para con las transformaciones que llevó a cabo este Gobierno. Fue ahí donde terminó de consolidar esa imagen de Pastor evangélico en la que se dirigía a sus seguidores prometiéndoles poco menos que la felicidad eterna.

Eso de vender una imagen de reverendo conciliador no es nuevo, ya la había puesto en práctica Carlos Menem en la campaña de 1989. “Hermanos y hermanas de mi patria”, solía decirle el riojano a la multitud. La diferencia sustancial radica en que el “caudillo” norteño ganó las elecciones prometiendo salariazo y revolución productiva. Macri llega a la presidencia anunciando (esencialmente a través de emisarios) la apertura de la economía, la baja de salarios, la quita de subsidios, etc.

La derecha volverá a gobernar la Argentina a partir del próximo 10 de diciembre y por primera vez mostró sus cartas antes de llegar al poder. Para quienes piensen que las ideologías poco importan a esta altura de los acontecimientos, es bueno recomendarles que lean la editorial del diario La Nación de hoy que bajo el título de “No más venganza” reivindica el accionar del Estado subversivo de los años 70.

Es cierto que en muchos casos hubo que agudizar la vista para saber leer entre líneas. Pero nunca intentó correr por izquierda a nadie. Macri eligió entre sus colaboradores a economistas (que los últimos días escondió) que estuvieron al lado de Domingo Cavallo tanto en los 80 cuando estatizó la deuda privada, en los 90 cuando desguazó el  Estado y en 2001 cuando hizo estallar al país con Corralito incluido. Por eso el que no vio lo se viene es porque no lo quiso ver.

 

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