La CGT, el pastorcito y el lobo

|| Opinión
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Con tantas amenazas de paro la actitud de la conducción tripartita de la CGT unificada se asemeja bastante a la fábula infantil. Después de amenazar durante un mes con una medida de fuerza, la semana pasada la descartaron. Pero ahora dicen que el bono de mil pesos es insuficiente.

La fábula del pastorcito y el lobo cuenta la historia de un joven cuidador de ovejas que se divertía engañando a labradores que trabajaban en campos vecinos gritando que el lobo venía a comerse sus ovejas. Cuando llegaban al lugar para ayudarlo descubrían que el reclamo de auxilio era falso. Según el cuento infantil, la secuencia se repitió varias veces y cuando de verdad el peligroso animal se hizo presente y el pastorcito necesitaba ayuda nadie le creyó. Este parece ser el riesgo que corre la conducción tripartita de la Confederación General de Trabajo (CGT). Ya amenazó tanto con parar que cuando lo haga será muy difícil creer en sus argumentos.

Objetivamente sobran los motivos para una medida de fuerza: pérdida de puestos de trabajo, suspensiones, vacaciones que se adelantan y una política de apertura de importaciones que está afectando como pocas veces en tan poco tiempo a la Pymes que son las generadoras del 80% de la mano de obra en la Argentina. A esto se le puede agregar el reclamo por Ganancias, que no sólo no fue modificado, sino que ahora lo paga más gente que antes.

“Dura advertencia de la CGT unificada: “Si esto sigue así, no nos dejan otro camino que amenazar con que amenazaremos con tomar medidas de fuerza”, tituló el 7 de septiembre en su tapa la revista Barcelona, que esta altura parece ser uno de los medios más serios de la Argentina.  

La amenaza se mantuvo hasta que la semana pasada se reunieron con representantes del Gobierno a los que lograron sacarle la magra promesa de un bono de fin de año para jubilados que cobren la mínima y para los beneficiarios de la Asignación por Hijo. Tras esa reunión se inició una suerte de operativo para desactivar la medida de fuerza, pero las críticas a lo acordado fueron tantas que la amenaza volvió a hacerse efectiva a través de los secretarios generales Héctor Daer y Carlos Acuña. ¿Habrá que creerles, o será otro capítulo de la fábula de la CGT complaciente y el Gobierno negociador?

 

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