Inseguridad: la reunión entre las autoridades y los taxistas dejó más de lo mismo

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Tras el brutal ataque que recibió Marcelo Viva, el taxista baleado en ocasión de robo en la zona de Juan Canals y Alvear, los trabajadores del volante volvieron a reunirse con autoridades provinciales. En este caso fue el propio ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, quien los convocó el último domingo para evaluar la situación y buscar una eventual salida a los constantes ataques de los que son víctimas los taxistas. El encuentro terminó como han terminado todos los anteriores, con promesas de más controles y con el resurgimiento de propuestas para incorporar más elementos de seguridad a las unidades.

Luego de la reunión tanto Pullaro como el titular del Sindicato de Peones de Taxis, Horacio Boix, coincidieron en señalar que diciembre fue el mes en el que menos cantidad de robos sufrieron los taxistas. Un dato tan irrelevante como incomprobable, es un secreto a voces que la mayoría de los taxistas (al igual que muchos ciudadanos) no denuncian los hechos de inseguridad a menos que tengan un tinte de extrema violencia como en el caso de Viva.

El de los  taxistas es el sector más vulnerable en materia de seguridad. Para un delincuente pocas cosas deben ser más simples que robarle a un tachero. Los conductores de los autos de alquiler recorren a diario las calles de una ciudad donde los controles casi no existen (por más que Pullaro diga que desde que él asumió se incrementaron los patrullajes). Por eso llama la atención lo Boix, que entre otras cosas, manifestó que como se trata de una nueva gestión hay que darle un voto de confianza, mientras tanto los taxistas muertos y heridos se cuentan de a decenas.

Si bien es cierto que la gestión de Miguel Lifschitz es incipiente, no es menos cierto que tanto el gobernador como su ministro de Seguridad sabían que el punto que más preocupa a los habitantes de esta provincia es el de la inseguridad. Incluso el socialista en su campaña proselitista, cuando la sombra del macrista Miguel Del Sel acechaba, dijo tener la receta para combatirla.  

A tal punto el gobernador era consciente de la necesidad de ponerle coto a los hechos de violencia,  que durante la larga transición decidió despegarse lo más que pudo de su antecesor Antonio Bonfatti y mantuvo en absoluta reserva el nombre de Pullaro como responsable de la seguridad provincial lo más que pudo.

Entre los taxistas no ha caído nada bien la posición de Boix. Lo ven más preocupado en coincidir con el discurso oficial que por pelear para lograr medidas efectivas que ayuden a sus afiliados a trabajar sacándose de encima el temor a no regresar a sus hogares.

Como sucede cada vez que un violento hecho de robo lesiona o termina con la vida de un taxista resurgen las soluciones mágicas, muchas de ellas focalizadas solamente al sector, como si hubiera ladrones para taxistas, ladrones para comerciantes, ladrones para mujeres que llevan carteras, etcétera. Lo que la realidad marca es que al delincuente actúa según la oportunidad que se le presenta.

La agresión de la que fue víctima Viva demuestra que de poco sirven los corredores seguro, el blindex, entre otras tantas ideas que volvieron a ponerse sobre el tapete. Los delincuentes abordaron a Viva cuando éste bajó para sacar del baúl pertenecías del pasajero por lo que si hubiera tenido el vidrio protector que tantos reclaman de nada hubiera servido.

Si a Viva lo hubieran detenido en un control en algunos de los corredores seguros, el final hubiera sido el mismo. Los delincuentes no eran pasajeros, eran dos tipos que iban en moto y como vieron que bajó del auto aprovecharon la ocasión para robarle, no conformes con eso le dispararon.

Los taxistas, obligados por una ordenanza, ya proveyeron a sus unidades del botón de pánico y GPS, todo en nombre de garantizar la seguridad. Nada sirvió. Si bien es cierto que en la misma normativa se contempla colocar en los taxis blindex y cámara de seguridad, algo que está pendiente, nada hace indicar que eso servirá siquiera para disminuir el número de robos.

Sacar el dinero de los coches pareciera lo más viable, aunque como dijo José Iantosca de Catiltar, los colectivos y las ambulancias no llevan efectivo y los roban igual. Pero soslayando esto último, las propias autoridades manifestaron que en el caso de los taxis es imposible que el sistema electrónico se imponga como único medio de pago. Por lo que los tacheros seguirán siendo el blanco predilecto de los delincuentes.

El problema de la inseguridad en Rosario es de una enorme complejidad. Suena pueril tratar de buscar una solución sacando la plata de arriba de los taxis, poniendo blidex, camaritas o lo que se les ocurra. La impunidad es una realidad, en Rosario más del 50 por ciento de los asesinatos no se esclarece. Llegó la hora de que las autoridades se pongan los pantalones largos, afronten el tema con seriedad e intimen al poder judicial a trabajar con responsabilidad, dejando de lado los temores y las complicidades.

 

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