Hay que pasar el verano

|| Opinión
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Álvaro Alsogaray, ministro de Economía de Frondizi, pronunció una de las frases que, por su contundencia, quedaron grabadas en el imaginario colectivo. El funcionario, representante del liberalismo económico, dijo, como eufemismo para justificar el ajuste, que “hay que pasar el invierno”, en un discurso donde presento un plan de “estabilización” de la economía.

La máxima, –invertida-, valdría tranquilamente para graficar el momento político de la argentina. “Hay que pasar el verano”, bien podría ser el leitmotiv de Cambiemos, un espacio con predilección por los eslóganes publicitarios.  

Ante las cercanías de fin de año, un momento siempre dramático y conflictivo a nivel social y político desde el 2001 a esta parte, hay que poner el foco en una serie de variables que encienden las alarmas en el Gobierno nacional, donde ya armaron un protocolo ante posibles manifestaciones de descontento social.

Es que los efectos de la devaluación -oficialmente anunciada como fin del cepo cambiario-, traerá, indefectiblemente, coletazos en los precios, pérdida del poder adquisitivo del salario y en las negociaciones paritarias.

Así, distintos gremios ya pusieron el grito en el cielo y reclamaron por un bono de fin de año para no perder poder de compra en los sueldos de los trabajadores. El líder de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, le dijo al presidente Macri “que se acuerde de los trabajadores”, en referencia al pedido de una suma fija antes de fin de año para apaciguar el efecto de la devaluación.

Fue el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, quien se encargó de aclarar que “no está en agenda” pagar un bono de fin de año. A nivel local, el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifszchitz, también desechó esa posibilidad. “Venimos de muchas dificultades, hicimos un gran esfuerzo para pagar el aguinaldo antes de fin de año y lo haremos para pagar salarios. Definitivamente no hay margen para el pago de un bono”, dijo, de manera contundente, el jefe de la Casa Gris.

Con este panorama, el ex ministro de Economía, Axel Kicillof, dijo que las medidas anunciadas por el macrismo representan un “tarifazo” y “un ajuste” por culpa de una devaluación, que el ex funcionario estimó en el orden del 40%. “No hemos visto ninguna medida a favor de los trabajadores”, afirmó Kicillof.

El plan del Gobierno, en tanto, es bajar la inflación luego de liberar el dólar y quitar el cepo cambiario. En ese sentido, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, trabaja en un acuerdo económico social para que los empresarios mantengan los precios. “Ni la extorsión de Moreno ni la ley de la selva”, había dicho Prat Gay. La intención es sana, pero peca de ingenua conociendo a un empresariado argentino que, con controles laxos, suele incrementar los precios.

En el medio, el Gobierno decretó la emergencia energética. Anunció, a su vez, que se quitarán subsidios, por lo que se incrementarán las tarifas a partir de enero. Más allá de que el ministro de Energía, Juan José Aranguren, confirmó que se protegerá a los sectores más vulnerables, la medida generará incrementos indeseados, que se sumarán a los cortes de luz que habitualmente se producen en la época estival.

Con todo, el Gobierno deberá ser un equilibrista para contener a los distintos sectores que no quieren ver afectados sus intereses. Por miedo a desbordes, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, trabaja en un protocolo de acción frente a las protestas sociales. Es más, la funcionaria dijo que están en contacto con los ministerios de Trabajo y Desarrollo Social para coordinar acciones.

Todo hace presagiar un verano caliente, no sólo por las altas temperaturas, sino por las pujas distributivas que se vienen como la paritaria docente (en febrero) que es, generalmente, el termómetro del resto de las negociaciones colectivas. Es más, distintos gremios quieren adelantar las paritarias para enero por los efectos de la devaluación. Así, el Gobierno deberá mostrar cintura política e ingenio para sortear los primeros escollos de su gestión.

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