“Gorilas en la niebla”

|| Opinión
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Una película y un libro llevan ese nombre. El film, inspirado en la obra escrita, retrata la crueldad de los cazadores furtivos para con los primates. En la historia argentina existen sobrados elementos como para demostrar que en el país esa realidad es diametralmente opuesta.

 “Gorilas en la niebla”  es una película que se estrenó en 1988, protagonizada por Sigourney Weaver, Bryan Brown, Julie Harris y John Omirah Miluwi. El film está basado en el libro homónimo escrito por Dian Fossey, una zoóloga estadounidense que en 264 páginas retrata la crueldad de los cazadores furtivos en Ruanda y el Congo para con esos animales. La escritora cuenta, entre otras cosas, lo difícil que le resultó que los primates toleraran su presencia. Dos años le llevó para que Peanuts, un gorila macho líder del grupo, tocara su mano como muestra de amistad.

En la Argentina las cosas parecen invertirse. Los gorilas son los crueles y en épocas no tan lejanas, algunos de ellos salían a cazar peronistas y no lo hacían precisamente de manera furtiva, sino a la vista de todos. Tampoco soportaban la presencia de quienes combatían. Sin los niveles de violencia de otros tiempos, la cultura gorilista parece haber resurgido. En realidad siempre estuvo presente, pero ahora vuelven a mostrarse tal como son y sin tapujos a la hora de declarar.

La palabra gorila para identificar a los antiperonista también tiene su génesis en el cine. A mediados de 1955, el programa “La Revista Dislocada” que se emitía por radio Splendid realizaba una parodia de la película “Mogambo” protagonizada por Clarke Gable y Ava Gardner.

La historia del film transcurría en África, y en el sketch del aquel programa que parodiaba la película aparecía un científico que ante cada ruido que ocurría en la selva, decía asustado: ''deben ser los gorilas, deben ser'', frase que rápidamente se popularizó. Ante cada cosa que sucedía y no tenía demasiada explicación la gente recurría a la difundida muletilla.

Aldo Cammarota, guionista de la Revista Dislocada,  dio de detalles de cómo se popularizó el término en una nota que escribió para el diario Clarín, nada más y nada menos.

"En marzo de 1955, hice por radio una parodia de Mogambo. En el sketch había un científico que ante cada ruido selvático, decía atemorizado: «deben ser los gorilas, deben ser». La frase fue adoptada por la gente. Ante cada cosa que se escuchaba y sucedía, la moda era repetir «deben ser los gorilas, deben ser». Primero vino un fallido intento de golpe y luego el golpe militar de 1955. Al ingenio popular le quedó picando la pelota: «deben ser los gorilas, deben ser». Los golpistas se calzaron gustosos aquel mote."

La palabra gorila fue mutando, nació para identificar a los golpistas que derrocaron a Perón. Luego se extendió para hacer referencia a quienes eran manifiestamente antiperonistas, pero sin llegar a participar del derrocamiento. Y cuando parecía que los prejuicios sobre el peronismo se iban superando, gorilas eran aquellos que estaban en contra de las medidas populares.

Sin embargo, con el macrismo en el Gobierno nacional parece haber un reverdecer del gorilismo más puro. Los dichos del ministro de Cultura del gobierno porteño son un claro indicio de ello. Dario Lopérfido manifestó, entre otras aberrantes declaraciones, que “el peronismo es igual que el nazismo pero sin matar judíos”.

Otro de los que mostró su pertenencia al grupo de primates fue el actual ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, quien un tiempo antes de ejercer el cargo que hoy ostenta, a través de la red social Twitter manifestó que su golpe favorito era el del 55 y que de haber sido contemporáneo, “sin dudas hubiera estado con los libertarios”.

Parece paradójico que dos ministros de Cultura tangan una visión tan sesgada de la historia argentina. Tanto Lopérfido como Avelluto se quedaron con la peor versión. Los dos, conscientes o no, salieron a defender los procesos políticos más nefastos que tuvo que vivir el país en la historia contemporánea, con golpes de Estado, proscripciones, muertes y desapariciones incluidos.

El gobierno nacional ensayó un tenue cuestionamiento. El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio Avruj, dijo que "el gobierno nacional no comparte los dichos de Darío Lopérfido", aunque en realidad hacía referencia a otra barbaridad del ex Sushi cuando dijo que los desaparecidos no eran 30 mil.

Con relación al peronismo y el mote de nazista que le colgó Lopérfido, el Gobierno no abrió la boca, aunque a fuerza de ser sinceros tampoco fue enérgica la respuesta del PJ.

 

 

 

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