Fútbol infantil: cuando jugar deja de ser un juego

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Las constantes presiones impactan de manera negativa en los chicos. Padres, entrenadores y una cultura que no tolera el fracaso, entre los componentes que más trastornos genera. “El estímulo que hay que incentivar es el juego”, indicó el Psicólogo especializado en deportes, Ignacio Cavagnaro.

Padres que gritan, entrenadores que exigen, sueños frustrados. La escena parece corresponder a un deporte de alta competencia. Sin embargo, con el correr de los años la misma se ha ido instalando en el fútbol infantil. Allí donde los niños van a divertirse, lo que se impone, a veces, es la presión que sufren los chicos desde edades formativas.

“El estímulo que hay que incentivar es el juego”, indicó a Rosarionoticias.info Ignacio Cavagnaro, psicólogo, especializado en psicología aplicada al deporte y fundador del programa “Jugar a jugar”, que se dedica a trabajar con clubes donde se practica el baby fútbol, tratando de concientizar sobre las prácticas saludables y con énfasis en lo lúdico.

El frenesí con el que se vive actualmente tiene su correlato en las actividades que realizamos. Así, bien podríamos argumentar que “jugamos como vivimos”. De esta manera, lo que tendría que ser placentero, como practicar un deporte, puede resultar angustiante. Sobre todo, si son los padres los que generan ese entorno nocivo.

“La presión son estas situaciones externas que modifican la parte cognitiva y emocional del sujeto sea en la edad que sea. Evidentemente en los chicos la repercusión es más sensible”, señaló Cavagnaro. Esto se manifiesta en forma de angustia, bronca, enojo y llanto, generando, incluso, que el chico se aleje de la actividad deportiva. “La culpa no la tiene el chico porque no cuenta con las herramientas estructurales internas para conciliar esto”, agregó el especialista.

Con todo, el trabajo con los padres es fundamental. “Hay que tratar de que los padres internalicen que la presión por sí misma, en base a pedidos que ellos no han podido cumplir de adultos, lo único que hace es que el chico termine dejando el deporte y que no cumpla el deseo de los padres a modo de escape”, agregó.

Las presiones llegan, muchas veces, a manifestarse de manera violenta, ya sea entre padres o contra árbitros y entrenadores. En ese marco, Cavagnaro enfatizó en la necesidad de encauzar y controlar esos episodios. “Hay que mostrarle al padre que esto daña a sus hijos y que los chicos no deben tomar como ejemplo estos hechos. Pero también vivimos en una argentina violenta y es difícil aislarse de lo que sucede”, remarcó.

Cavagnaro, docente de educación física, y psicólogo especializado en deporte, se refirió a esta disciplina dentro de las prácticas deportivas. “La psicología aplicada al deporte en argentina sigue siendo nueva pero tiene una importancia trascendente y en niveles medios y altos es determinante” expresó.

A pesar de los hechos negativos, también hay espacios que fomentan buenas prácticas. En ese sentido, el programa “Jugar a jugar”, promovido por Cavagnaro, intenta desterrar malas prácticas y fomentar lo lúdico en los chicos. “Este proyecto surgió a partir de los chicos que abandonaban y no encontraban otro lugar. Estaban más enfocados en ganar que en jugar y se ponía todo en el resultado. Entonces arme este proyecto que logró que se corriera el resultado antes que el juego”, indicó.

“Se trató de romper el paradigma del resultado y pasar al de jugar por jugar. Empezamos con 6 clubes y hoy somos más de 60”, afirmó Cavagnaro, al tiempo que expresó que el programa contempla dar charlas capacitando a docentes, entrenadores y hablando con árbitros y padres.

 “Logramos poner en cada lugar un profe de educación física recibido, con una renta, que colaboran con el entrenador, de los cuales yo me encargo de capacitar esos profes. Por otro lado, también se mezclaban otras demandas que no podíamos cumplir como conseguir pelotas, iluminación y mayores recursos”, esgrimió.

No obstante, las mayores trabas continúa siendo lo que pasa en casa. “Abordamos, también, a los padres, donde encontramos los mayores obstáculos porque esperábamos un público más numeroso y se mostraron más bien reticentes. Este es un camino muy largo”, concluyó.

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