Es la campaña….

|| Opinión
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Por Juan Morante. Ante la inminencia de las elecciones, los candidatos van cerrando sus campañas y el electorado, a su vez, va definiendo su decisión luego de un calendario electoral por demás de cargado.

“Es la economía, estúpido”. La frase, lacerante, fue esgrimida por Bill Clinton en la campaña que lo llevó a la presidencia en las elecciones de 1992, donde venció al caudillo republicano, George Bush padre. Con esa máxima, logró imponerse contra todos los pronósticos, enfocando su campaña en la economía y en las problemáticas domésticas, en contraposición a los éxitos en política exterior que ostentaba Bush con el fin de la guerra fría y la guerra del golfo.

Si extrapoláramos dichas máximas electorales a nuestro territorio, podríamos señalar que por estos lares todo está permitido en campaña. Promesas de inversiones, revoluciones productivas, salariazos, inserción en el mundo, etc, etc. En fin, los argentinos saben de sobra el derrotero de eslóganes y títulos de portada que los aspirantes al sillón de Rivadavia suelen declamar por estas fechas.

Algunos prometen continuidad, profundización. Otros se muestran como los abanderados del cambio. No obstante, tampoco explican en qué consiste ese cambio tan mentado por los candidatos, evidentemente coacheados por los asesores de campaña, los verdaderos hacedores de estrategias políticas.

Así, los ciudadanos somos testigos de episodios curiosos. Desde los candidatos prestándose al farandulismo mediático, hasta un debate –con faltazo incluido-, donde los principales candidatos, extrañamente, parecían tirarse centros, como si se supieran el libreto de antemano.

A su vez, hemos asistido a una dialéctica por demás curiosa. Hemos escuchado, incomprensiblemente,  que  si Alfonsín viviera votaría a Macri o al mismo líder del PRO citando a Perón. Es más, el propio Macri inauguró, en el fragor de la campaña, un monumento al líder del justicialismo.

Vale decir, querido lector, querida lectora, que Macri tiene de peronista lo que este cronista tiene de García Márquez. Sin embargo, todo parece estar permitido para arañar un par de votos para imponerse en primera vuelta o para rasguñar un espacio en el balotaje.  

 De esta forma, el bombardeo mediático a través de la televisión, la radio e internet parecen mermar el entusiasmo en el electorado que, a su vez, ha tenido que soportar un calendario electoral cargado, además de escuchar promesas de lo más variopintas. Pero como dicen “Es la campaña….” y todo vale por un voto.

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