Entre el cambio de época y un nuevo golpe blando

|| Opinión
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La destitución de Dilma Rousseff, quien fue removida de su cargo por el senado brasileño, constituye un nuevo caso de golpe blando en la región, tal como sucediera en Honduras (con Manuel Zelaya) y Paraguay (con Fernando Lugo). A diferencia de otras épocas, ya no hacen falta tanques ni operaciones militares para derrocar a gobiernos elegidos democráticamente. Con una sinergia mediático-judicial basta para lograr el retorno de una derecha que estaba dormida, y que ahora se muestra a sus anchas para la restauración conservadora a nivel continental.

Si bien todos los procesos tienen sus aristas, matices e idiosincrasias, lo cierto es que en la región que allá por noviembre del 2005, en Mar del Plata, se gritó bien fuerte un “no al Alca”, ahora suena otro tipo de música. La integración regional le cedió su lugar a una mirada hacia el pacifico y a Estados Unidos.

Brasil, séptima economía mundial, y la segunda de toda américa en cuanto a PBI, experimentó un lógico desgaste luego de 14 años del PT en el poder, sumado a una recesión que se prolongó en el tiempo y que volvió a llevar el índice de desocupación a los dos dígitos, trepando al 11 por ciento.

El retroceso de los gobiernos basados en la inclusión social y el asedio mediático destinado a esmerilar estos procesos tienen que verse en un contexto geopolítico determinado. Luego de que Estados Unidos enfocara su política exterior hacia medio oriente, en detrimento de su histórica influencia sobre la región, el país del norte volvió a mirar hacia Sudamérica para recuperar terreno.

Como dato ejemplificador no puede obviarse que Brasil, miembro de los Brics, y principal economía sudamericana, tuvo como mayor socio comercial a China a partir del año 2012. Es decir, el gigante asiático, con operaciones por 34.248.498.759 de dólares fue el principal comprador de las exportaciones brasileñas, superando a su histórico socio comercial, Estados Unidos.

La influencia de China en la región encendió las alarmas en el país norteamericano, que no quiere ceder poder e influencia en lo que siempre entendió como su “patio trasero”.

En ese sentido, distintos líderes regionales repudiaron la decisión del senado brasileño, y en los casos de Venezuela y Ecuador, directamente retiraron sus embajadores de ese país. “América del sur otra vez laboratorio de la derecha más extrema”, escribió Cristina Kirchner en su cuenta de Twitter, una vez conocido el resultado de la votación del impeachment.

Distinta fue la posición del Gobierno argentino, quien rápidamente emitió un comunicado diciendo que respeta “el proceso institucional” llevado a cabo en el vecino país. Con todo, hay un cambio de época en marcha y no está del todo claro cuál será el destino de una región que en los últimos años accionó como bloque, pero que ahora luce, cuanto menos, fragmentada.

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