El modelo no se mancha

|| Opinión
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La bizarra detención del secretario de Obras Públicas de la nación, José López, les vino de maravillas a los enemigos del mal llamado populismo. Sin embargo, ni López, ni Lázaro Báez, ni los demás casos de corrupción que puedan endilgarle al gobierno anterior lograrán ponerle una mácula a las políticas más inclusivas desarrolladas en los últimos 50 años.

“La pelota no se mancha”, fue la frase que eligió Diego Armando Maradona en su partido despedida para hacer un mea culpa sobre su adicción a las drogas. La bizarra detención del secretario de Obras Públicas de la nación, José López, al que se lo encontró tirando bolsos con millones de dólares por arriba del muro de un convento en la localidad bonaerense de General Rodríguez les vino de maravillas a los enemigos del mal llamado populismo. Sin embargo, ni López, ni Lázaro Báez, ni los demás casos de corrupción que puedan endilgarle al gobierno anterior lograrán manchar un modelo que duró 12 años y que fue el más inclusivo de los últimos 50.

Continuando con la analogía, el astro del fútbol mundial en aquella recordada jornada de noviembre de 2001 que tuvo como escenario la mítica Bombonera, micrófono en mano y ante una la multitud que lo escuchaba bajo un respetuoso silencio disparó: “El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. De eso que no le quepa la menor duda a nadie”. Este modelo que terminó de manera abrupta el 10 de diciembre, que nadie tenga dudas, fue lo mejor que le pudo pasar a la inmensa mayoría de los argentinos. Es menester recuperarlo y defenderlo. Defenderlo de los de afuera, pero sobre todo de los de adentro.

Cuando se habla de modelo no se hace referencia a algo abstracto, por el contrario hay datos, hechos e historias de vida que dan cuenta de las bondades de ese proceso. La repatriación de científicos, la incorporación de 2,5 millones de personas al sistema jubilatorio, la sustitución de importaciones, la recuperación del empleo, la reconquista de las empresas estatales que fueron rematadas en los noventa, son tan solo algunos de los puntos para destacar.

El kirchnerismo, que enarboló el modelo y lo puso en práctica hasta donde pudo porque indiscutiblemente dejó deudas pendientes, acusó el golpe del escándalo López. Con el caso López la derecha logró lo que no pudo con los discursos de la pesada herencia, con las denuncias contra Lázaro Báez, ni con las citaciones de Bonadio a la ex presidenta. Logró generar esa sensación de caos  tan necesaria para justificar los tarifazos, la transferencia de recursos a los más poderos, la devaluación, la bicicleta financiera entre tantas otras obscenidades.

Todo hace indicar que López es un corrupto que se enriqueció cobrando coimas, pero en todo cohecho hay uno que paga y otro que cobra. Hasta acá sabemos quién es el que cobró. Resta saber quién o quiénes pagaron. Tratándose de la obra pública no es algo muy difícil de imaginar. Hemos de esperar que cuando nos enteremos, si es que quieren que nos enteremos, de quienes son los pagadores parte de la sociedad sienta el mismo asco y hartazgo que expresa hoy por las redes sociales.

Habrá que ver dónde nos deposita el caso López. En lo personal he de esperar que la línea de corte sea el mismo ex secretario de Obras Públicas de la nación, pero si las complicidades y las responsabilidades por los hechos de corrupción lleguen a lo más alto de la gestión anterior la defensa de ese modelo que tanto le dio a los argentinos debe mantenerse inalterable. La Iglesia Católica ha estado minada de curas pedófilos y corruptos, pero a nadie por eso se le ocurre pensar que Dios es malo o que las religiones no sirven. En todo caso habrá que elegir mejor a las personas.

Sin intentar justificar nada y ni entrar en la absurda compulsa por quien roba más o menos, no quiero ponerle fin a estas líneas sin antes derribar un discurso tan en boga por estos días. Se dice que esa es la plata que falta para hacer rutas, para hacer escuelas para hacer viviendas y tal vez sea cierto. Pero tenga en cuenta el lector este dato: la Cámara de Diputados acaba de aprobar un blanqueo para perdonarle a una mínima porción de argentinos (la inmensa mayoría dedicados a la actividad privada) elusiones y evasiones en el mejor de los casos. Se calcula que en esas condiciones hay unos 400 millones de dólares fuera del país. Todo esto con un agravante: les van a perdonar las deudas y las penas, pero la plata la podrán seguir teniendo afuera.

Por eso mi querido amigo no se deje engañar. Rechace todo acto de corrupción. Aceptar coima es malo, pero pagar coima es igual de malo. Exijamos que se investigue a López y que se investigue a los que les pagaron a López. Y hagamos un esfuerzo por entender que uno, diez o cien corruptos no pueden echar por tierra todo lo bueno que dejó el modelo. Por eso, el modelo no se mancha.

 

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