El diseño del caos

|| Opinión
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Esa es la única explicación que se le puede encontrar al pandemonio que se vive a diario en las zonas del micro y macro centro en materia de tránsito. Al problema estructural que de por sí tiene la ciudad, se le suma el invalorable aporte que han hecho las gestione municipales, sobre todo la que encabeza la actual intendente Mónica Fein.

Rosario parece haber sido especialmente diseñada para el caos. Esa es la única explicación que se le puede encontrar al pandemonio que se vive a diario en las zonas del micro y macro centro en materia de tránsito. Al problema estructural que de por sí tiene la ciudad, se le suma el invalorable aporte que han hecho las gestione municipales, sobre todo la que encabeza la actual intendente Mónica Fein, que con el discurso de compartir el espacio público lo único que se está logrando es llevar a la ciudadanía a una peligrosa tolerancia que a medida que pasa el tiempo se hace cada vez más frágil.  

Rosario tiene la seria y estructural dificultad en materia de tránsito de no contar con grandes avenidas. De oeste a este en algo más de 20 cuadras se cuentan a bulevar Oroño y avenida Belgrano. Siendo muy generosos podemos considerar que la primera es una arteria que ayuda a ser más fluido el tráfico.

De norte a sur sucede algo parecido. Tomando Oroño como referencia, a Rivadavia de Pellegrini la separan más de 25 cuadras. Estos es algo que casi no tiene solución, a  menos que alguien esté dispuesto a invertir en expropiaciones y trabajar en un nuevo trazado para superar una dificultad que como ya dijimos es estructural. Más allá de las elucubraciones que se puedan hacer, una medida de ese tipo parece estar muy lejos de concretarse.

Dejando de lado los obstáculos de difícil solución, una cuestión para analizar es lo que pasa en el micro centro de la ciudad. El discurso oficial plantea desalentar el uso de autos particulares priorizando la utilización del servicio público y la intención de que todos los ciudadanos compartan el espacio público. Presentado de esa manera ¿quién puede negarse? Tal como están las cosas, el espacio público no se comparte, se disputa. Y se disputa de manera peligrosa, al límite de la tolerancia.

Los hechos marcan que la realidad está muy lejos de lo que se pregona. La instalación de bicisendas en calles extremadamente angostas y la ampliación de veredas como parte de la revalorización de casco histórico atentan contra el servicio público. Pero lo más peligroso es que atentan contra la integridad de los ciclistas que se ven obligados a circular por espacios reducidos flanqueados por esas moles de hierro y chapas que son los colectivos urbanos.    

Quienes más padecen los denominados Plan de Movilidad y Revalorización del Casco Histórico son los servicios públicos y sus usuarios. Taxis y colectivos se ven a diario en horas picos inmersos en una maraña de vehículos en la que cruzar una de las pocas avenidas que tiene la ciudad se torna exasperante.

Otra cuestión que merece explicación son las constantes obras de las empresas de servicios, sobre todo de Aguas y la EPE. Desde hace años circula por la ciudad el rumor sobre que los corralitos que usan para cercar las obras pertenecen a una empresa que cobra por día y que es propiedad de un familiar de un alto dirigente del partido gobernante. Independientemente de este ¿mito urbano?, llegó la hora que el municipio le exija celeridad a estas prestadoras al momento de llevar a cabo los trabajos de reparación.

La falta de controles es otro gran aporte al caos. Excepto cuando llevan a cabo operativos, a los inspectores de tránsito hay que buscarlos con lupa. Ni hablar de tratar de dar con uno de ellos por fuera de las avenidas. Pero también es harto difícil dentro del macro y micro centro. Esto en gran parte se explica porque la Intendencia resolvió dejar el labrado de actas de infracciones en manos de la tecnología. Las cámaras se han impuesto por el sobre el recurso humano.

Está muy bien el uso de la tecnología, pero como un aporte más y no como recurso casi exclusivo. Es que el inspector con su sola presencia evita que se cometa la infracción. A nadie se le va ocurrir dejar el coche en doble fila, en una parada de taxis o arriba de una vereda si tiene la certeza de que en algún momento se puede hacer presente un agente de tránsito.

En marzo pasado en una nota publicada por RosarioNoticias.info, el responsable del programa Conciencia Vial, Gerónimo Bonavera, resumió con claridad meridiana lo que pasa en Rosario con las políticas de tránsito que se vienen aplicando al sostener: “Cuando empezamos a hablar del plan de movilidad y perdemos el criterio de cómo está construida la ciudad y le ganamos espacio a la nada, las cosas no terminan bien”.

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