El consumo de drogas y el fracaso en la prevención

|| Opinión
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La última campaña oficial difundida de manera masiva por un medio de comunicación data de 1997. En últimos 20 años el consumo de estupefacientes en la Argentina ha crecido de manera exponencial.

La muerte de cinco jóvenes en una fiesta electrónica en Costa Salguero en Buenos Aires y el impacto generado por los cuatro chicos internados en nuestra ciudad en un encuentro de similares características realizado en el salón Metropolitano durante fin de semana desempolvaron un viejo debate que tiene que ver con la falta de prevención sobre el consumo de drogas en la Argentina. Queda claro que los sucesivos gobiernos, vaya a saber uno porqué, se han desentendido de la cuestión.

Tan es así que la última campaña oficial difundida de manera masiva por un medio de comunicación data de 1997. Se trata del recordado spot protagonizado por el doctor Alfredo Mirolli a quien secundaban dos caricaturas que representaban a los jóvenes Fleco y Male quienes aprovechaban la buena predisposición del profesional para consultarlo sobre los efectos que causaba el consumo de distintos tipos de drogas.  

Es cierto que es muy difícil asegurar que la continuidad de este tipo de campañas hubiera servido para morigerar el ingreso de los jóvenes al mundo de las drogas. Tan cierto como que en estos casi 20 años el consumo de estupefacientes en la Argentina ha crecido de manera exponencial.

“Tenemos que trabajar en la reducción de daños porque la prevención fracasó”, dijo Silvia Inchaurraga directora del Centro de Estudios Avanzados en Drogadependencia y Sida ni bien se conoció la noticia sobre la muerte de los cinco jóvenes en Time Warp. Y vaya si fracasó.

La prevención no está únicamente ausente en los medios de comunicación, lo está en las aulas de las escuelas, en los hogares argentinos, en los clubes de barrio. Se ha naturalizado el consumo de todo tipo de drogas. La aceptación social, entre otras cosas, nos ha llevado a esto.

Los gobiernos debaten sobre qué estrategias pueden ser más efectivas en la lucha contra el narcotráfico. La mayoría no se aparta de la tradicional militarización. A nadie se le ocurre que la salida más efectiva podría ser la de dejar de fabricar consumidores, para lo cual no es necesario perseguir a los adictos como pueden suponer muchos.

Por un lado, tal como plantea Inchaurraga, hay que trabajar en la reducción de daños sobre aquellas personas para las que la adicción es un problema. Necesitan estar contenidos desde lo psicológico e informados de lo que consumen. Incluso proveerlos desde el Estado para evitar daños mayores como ocurre en muchos países. Por el otro, hay que dejar de incorporar consumidores al sistema. Para logarlo es necesario contar con campañas de prevención que sean efectivas. Hay que trabajar desde los medios, pero también en los barrios, en los clubes. Hay que pelearle al narcotráfico el territorio.

Si bien existen organizaciones que lo hacen, y muy bien con las herramientas que tienen, es primordial la participación del aparato estatal para garantizar resultados a gran escala.  

Necesitamos dejar lado los prejuicios y tapujos. Explicarles a los jóvenes qué consumir, cómo consumirlo y el daño que les generará lo que consumen. A partir de ahí y con todo el conocimiento necesario que ellos decidan qué hacer. Hoy estamos en el peor de los escenarios con una cantidad enorme de consumidores que en su mayoría no tiene la información necesaria para evitar consecuencias que se tornen irreversibles.

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