El clásico, entre la fiesta y el folclore mal entendido

|| Opinión
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La dirigencia de Newell’s, a través de sendas cartas remitidas a sus pares de Central y al Ministerio de Seguridad provincial, sorprendió a propios y extraños con el pedido de jugar el clásico, a disputarse el 23 de octubre en el Gigante, con público visitante. Desde el club del Parque aclararon que asumen el compromiso de recibir a la hinchada auriazul cuando se consume la revancha, en la fecha 24.

Más allá de las formalidades y de la buena sintonía entre ambas dirigencias, el pedido resulta extemporáneo, sobre todo en una ciudad que vive el futbol al borde de una pasión que, generalmente, decanta hacia la violencia.

Los antecedentes no son buenos. Desde el frustrado clásico amistoso en el verano del 2013, pasando por los ataques a sedes, locales partidarios y casas de dirigentes, todo hace suponer que el pedido de la dirigencia leprosa no llegará a buen puerto.

Tanto en Central como en la cartera de Seguridad se tomarán unos días para, por lo menos, analizar la solicitud rojinegra. Sin embargo, se impondría la moción de que no están dadas las condiciones para que el clásico de la ciudad vibre con ambas parcialidades en un mismo estadio, como en la vieja usanza.

La sangrienta interna de la barra leprosa, más la crítica situación de seguridad que atraviesa la provincia, son algunas de las razones que se darían de bruces con este pedido de la dirigencia rojinegra. Además, tanto Central como Newell’s, debido a la gran masa societaria que ambos detentan, no están interesados en alojar visitantes tanto en el Coloso como en el Gigante, por lo que el pedido de la dirigencia rojinegra encierra una contradicción de cara al futuro si es que el retorno de los visitantes logra establecerse como una realidad en este atribulado fútbol argentino.

Si bien el Gobierno nacional esboza un intento paulatino para el retorno de los visitantes, ese mismo plan es gradual y circunscripto a determinados escenarios aptos, ya sea por capacidad del estadio o por la convocatoria local, para alojar seguidores visitantes.

Rosario, con Messi a la cabeza, es conocida por la inagotable cantera que nutre a la Selección y a los principales clubes europeos. La ciudad también es reconocida mundialmente por la intensidad y el color del duelo entre canallas y leprosos.

No obstante, esa pasión generalmente zigzaguea por una delgada línea donde se confunden la violencia y el folclore del fútbol mal entendido. Por estas razones, la idea de forzar, a las apuradas, un retorno del público visitante en el partido más importante de la ciudad resulta una apuesta demasiado fuerte en tiempos donde la seguridad hace agua en el territorio provincial.  

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