Deuda externa: capítulo número…

|| Opinión
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Para hacer números: 165 votos a favor, 85 en contra, 0 abstenciones, 5 ausentes, más emisión por  12 mil millones de dólares. Las cifras, frías, dan cuenta de un nuevo capítulo de la deuda externa, aquella que comenzó con el empréstito de la Baring Brothers, siguió con la estatización de la deuda privada, los préstamos del FMI, el blindaje y el megacanje, la renegociación y la quita del kirchnerismo y ahora el acuerdo con los holdouts, son algunos de los pasajes de esta atribulada parte de la historia político económica de nuestro país.

La legitimidad de la deuda ha sido cuestionada a lo largo de su desarrollo, con trabajos como los de Mario Rapoport, quien estudió los orígenes de la deuda poniendo énfasis en periodos históricos, como los de la dictadura militar, donde se estatizó la deuda privada, y el neoliberalismo de los 90 con las recetas del FMI y la fuga de capitales.  Según el investigador, estos fueron los momentos donde la deuda se agigantó de manera más acelerada.

Ahora bien, luego de un proceso de desendeudamiento, encarnado en los canjes de 2005 y 2010, más la quita correspondiente, la irrupción de los buitres o holdouts, llegaron para presionar por los tenedores de bonos que no accedieron a los canjes previamente citados.

El gobierno de Macri anotó su primera gran victoria legislativa con la medida sanción. Ahora será el Senado el ámbito donde se refrendará o no una cuestión crucial para la vida económica del país. El frente Cambiemos ponderó y esgrimió que el arreglo con los holdouts redundará en mayores inversiones y le otorgará mayor credibilidad al país.

Los caballitos de batalla del oficialismo, al menos discursivamente, son la lucha contra el narcotráfico y la pobreza cero. Las premisas son elogiables y bienvenidas. Sin embargo, las medidas del gobierno parecen ir en dirección contraria en materia de despidos y aumentos de tarifas. Además, el objetivo de pobreza cero no se aplica ni en las naciones más industrializadas del mundo.

Es difícil pensar en un capitalismo sin excluidos. Ni Marx, ni Keynes, ni los economistas que representan al liberalismo hablan de pobreza cero. Por ende, la lucha es por la inclusión de la mayor parte de la ciudadanía.

Asimismo, es elogiable la intención del gobierno de atraer inversiones para infraestructura, una de las grandes deudas de la gestión kirchnerista. Si bien la administración de Cristina Fernández esbozó una intención de recuperar los ferrocarriles basta recorrer las rutas nacionales para comprobar el pobre estado de las mismas.

Ahora bien, el arreglo con los holdouts no garantiza que lleguen las inversiones. Algo parecido pasó con el levantamiento del cepo, donde el gobierno estimó que los exportadores iban a liquidar más de lo esperado, cosa que no terminó sucediendo.  

El acuerdo con los buitres no significa una mejora en las variables económicas. La inflación sigue siendo acuciante, y los despidos, tanto públicos como privados, están a la orden del día. Resta por ver, entonces, si este acuerdo es una vuelta a las viejas recetas que tanto daño hicieron a la economía, con un pesado lastre en el tejido social, o si como dice el gobierno, volverán el crédito y la creación de nuevos puestos de trabajo. Ayer se aprobó un nuevo capítulo de la deuda externa. Un capítulo que todavía está por escribirse y que no tiene un desenlace claro.

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