¿De qué lado estás?

|| Opinión
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Se viene el balotaje y hay que tomar posición. No hay espacio para los tibios, aunque haya sectores políticos que inexplicablemente llamen a votar en blanco. Es Scioli con su promesa de continuidad, o Macri y el regreso de la derecha.

Miguel Barredo

Lo primero que quiero manifestar es que en estas líneas, como pocas vece hice, voy a romper con algunos preceptos profesionales. Uno es la decisión de utilizar la primera persona, si ben en el género opinión está permitido, siempre me he resistido a utilizarla. Sin embargo, en esta oportunidad necesito que quede claro que todo lo que aquí encuentre el lector me pertenece. Lo otra es convertirme de manera transitoria en periodista militante. Concepto con el que no comulgo, pese a ser un incondicional de 6, 7,8. Al igual que todos los comunicadores no soy objetivo, pero tampoco orgánico, por lo cual preservo mi derecho inalienable de criticar -equivocado o no, con o sin razón- a quienes desde lo ideológico siento muy cerca.

Hecha las aclaraciones del caso, paso al punto en cuestión: la definición del balotaje. De la disputa electoral del próximo 22 de noviembre entre Daniel Scioli y Mauricio Macri saldrá el próximo Presidente de los argentinos. A simple vista uno podría decir que no son tan distintos. Los dos son emergentes políticos de los 90. Tienen ya una trayectoria importante, pero en ambos casos no estamos en presencia de militantes tradicionales. Los dos fueron exitosos fuera de la política. Ninguno despierta pasiones y podríamos seguir con las coincidencias, la lista es larga.

Con toda razón alguien podría decir que casi es lo mismo votar a uno que a otro. Pero hay algo que los diferencia de manera notoria: sus votantes, que no se asemejan en nada. El dilema de continuidad o cambio, que innegablemente está en juego, es lo que los hace tener objetivos distintos. Por eso es difícil de entender que quienes se dicen progresistas hayan anunciado que votarán en blanco argumentando que  Scioli y Macri son lo mismo o representan lo mismo.

No son lo mismo y mucho menos representan lo mismo. Mientras que Scioli tiene un discurso de continuidad y de profundización del modelo, Macri, aunque lo niegue, es parte de la derecha argentina. Esa derecha que en los 70 llegó al poder de la mano de los militares y que casi 20 años después logró alcanzarlo a través del voto popular prometiendo “salariazo y revolución productiva”. No es necesario utilizar este espacio para explicar en qué terminó aquello.

Macri no muestra sus cartas, tiene un discurso deliberadamente vacío. Habla de que quiere gente feliz, que no va a confrontar, que respetará al que piensa distinto, que es honesto (está doblemente procesado), etc. No muestra sus cartas porque cada vez que él, o alguien de los suyo lo hacen, impacta negativamente en gran parte de la sociedad. Por eso hizo un giro de 180 grados en su discurso. Ahora dice que YPF seguirá siendo estatal, que negociará con los Buitres o que continuará con el Fútbol para Todos.

Para los macristas de pura cepa la nueva retórica, aunque falaz, es difícil de digerir. A tal punto que cuando kirchnerizó su discurso tras el triunfo de Rodríguez Larreta en la ciudad de Buenos Aires recibió un fuerte abucheo de los presentes. Para sus colaboradores más cercanos el supuesto giro también es complejo de tolerar, por eso cuando se presentan ante empresarios del establishment les prometen el fin de las paritarias, la libre flotación cambiaria, el regreso a los mercados, etc. Ellos saben que Macri no mantendrá ninguna de las conquistas logradas durante estos años, pero no quieren escucharlo ni de mentiritas.

Que el odio o el rechazo a este Gobierno, que ha hecho muchas cosas bien y un montón de cosas mal, no nos tape el bosque. Scioli para muchos es una incógnita. Los de adentro desconfían de su conducta luego del 10 de diciembre. Los de afuera se dividen entre quienes entienden que no votándolo castigan a Cristina Fernández y entre los que añoran volver a los 90. A los primeros les digo que el costo del castigo puede ser muy alto para el país y la región. A los segundos, que la mayoría de los argentinos no queremos volver a tener un país para pocos.

 

 

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