De la épica al fracaso, sin escalas

|| Opinión
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La dura derrota ante Chile caló hondo, no fue una más. La tercera final en fila no pudo ser la vencida y, con la nueva frustración, se produjo un cimbronazo en un plantel golpeado y en una AFA en permanente estado de convulsión.

La peor noticia, más allá de un nuevo segundo puesto, fue la renuncia de Messi a la selección. A pesar de que se produjo “en caliente”, como suele decirse, el “renunciamiento” de la Pulga se puede explicar de muchas maneras, sobre todo en un país como Argentina, con más de 40 millones de directores técnicos, economistas, politólogos, etc. 

En una sociedad que pasa de la euforia a la desazón sin escalas, que suele construir relatos míticos, y que no tolera el fracaso, la derrota es un cachetazo a un ego futbolístico en crisis. Los 23 años de sequía no son casualidad. Tampoco lo son los desaguisados de la AFA, con su improvisado torneo de 30 equipos, con el público visitante ausente de los estadios y con una escandalosa elección presidencial post-Grondona que rozó el ridículo.

Ante este panorama, que renuncie el mejor jugador del mundo parece razonable, teniendo en cuenta la crisis institucional de la entidad de calle Viamonte. Sin embargo, Messi no se va por los desatinos de la AFA. Se va porque un país entero le puso una mochila que él, y sólo él, puede  y debe cargar.

La construcción de una épica requiere de un héroe, de una hazaña, de un golazo. Maradona tuvo el gol a los ingleses y la foto con la copa. Así, se hizo inmortal. Empero, la gesta del pibe de Fiorito estuvo acompañada de laderos. No por nada en la final en el estadio Azteca los que marcaron los goles fueron Brown, Valdano y Burruchaga. Messi, con su pesada mochila, no tuvo esos laderos que tanto se necesitan en las instancias definitivas.

Las finales perdidas, lamentablemente, se acumulan y golpean el orgullo. No obstante, los caños, los goles de tiro libre imposible, la “descaderización” de Boateng, no se olvidan. Ya sé, no está la foto con la copa, pero eso no tiñe todo un proceso y un trabajo de grupo con un tufillo a “fracaso”. La Holanda de Cruyff nunca se pudo alzar con la copa y sin embargo quedó en la historia como uno de los mejores equipos de la historia.

Los detractores de Messi, que son muchos, quizá estén de parabienes. Se equivocan. Si quieren volver a construir una épica, un sueño colectivo, un momento de magia para inmortalizar, tendrán que mirar, obligados, al Barcelona donde Messi seguirá brillando. Si la renuncia termina siendo indeclinable, seguramente habrá que pensar por qué terminamos llevando al exilio al jugador que nos devolvió la ilusión de pelear cada torneo hasta el final.

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