Cuando las estadísticas se usan para explicar lo inexplicable

|| Opinión
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El socialismo, en la voz del ministro Pullaro, volvió echar mano a relevamientos para sostener que los niveles de violencia están en baja. El mismo argumento había utilizado su antecesor Raúl Lamberto, a los pocos días la realidad lo pasó por encima, pero logró resistir en su cargo. El funcionario de Lifschitz eligió correr el mismo riesgo.

El ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, dijo este martes que Rosario está en los niveles más bajos de homicidios de los últimos años. Lo hizo en el marco de la presentación de la entrega de equipamientos para la policía provincial. Semejante afirmación, que entre los medios afines al socialismo pasó totalmente desapercibida, se basa en que durante el mes de septiembre en el Gran Rosario hubo seis crímenes, algo menos de la mitad que en el mes de agosto que fue de 13. El titular de la cartera más sensible del gobernador Miguel Lifschitz incurre en el mismo error que su antecesor Raúl Lamberto, quien también recurrió a las estadísticas para trata de justificar su inacción.

El ahora Defensor del Pueblo cumplió un triste papel al frente del ministerio de Seguridad, sin embargo el entonces gobernador Antonio Bonfatti logró sostenerlo hasta el final de su mandato. Tal vez el laxo cuestionamiento de la prensa local para con su desempeño haya sido un valorable aporte para lograr ese cometido.

Lamberto, quien al igual que el gobernador tenía custodia policial en la puerta de su casa, hablaba poco con la prensa y cuando lo hacía solía despertar el enojo de los ciudadanos, como cuando en 2014 en el pleno brote de violencia, robos y muertes manifestó que los niveles de inseguridad estaban en baja. Sin embargo, nunca se animó a tanto como Pullaro. El ministro de Lifschitz hizo un recuento de muertos como si hablara de caramelos, sin reparar en los familiares de las víctimas que todavía lloran cada una de las ausencias.

Es casi una constante del socialismo echar mano a relevamientos poco creíbles y que no aportan nada. Si lo hacen con la intención de llevar tranquilidad a la ciudadanía, es hora de que tomen nota que el efecto es exactamente el contrario. Ahora si el objetivo es salir del paso con una declaración del momento sin buscar una explicación a lo que pasa, que sigan así que ese es el camino correcto.

La imposibilidad de haber hallado un principio de solución al tema de la inseguridad ha transformado al gobierno provincial en cambiemosdependiente. Está a merced de lo que decida hacer la Nación en materia de inseguridad en la provincia de Santa Fe. Por eso Lifschitz debe tragar saliva y bancarse lo que venga. Con la salvedad de la discutida enmienda sexta del acuerdo Provincia – Nación que el gobernador pudo evitar porque la ley lo ampara, el resto del paquete quedó como quería el gobierno nacional.

Hasta la rúbrica definitiva del pacto, Lifschitz se cansó de decir que era necesario saber qué cantidad de agentes llegarán. Esta nota es publicada 48 horas antes que desembarquen las fuerzas federales y todavía nadie sabe cuántos vendrán. Mauricio Macri lo acusó de ser el gobernador que menos colabora, pese a eso el mandatario provincial no se cansa de repetir que con este gobierno ahora se puede dialogar.

Las desesperadas señales enviadas a la Casa Rosada no se agotan ahí. El martes tras participar del acto de presentación de la entrega de equipamientos para la policía, ahí donde Pullaro dijo que estamos en los niveles más bajos de homicidios de los últimos años, la prensa intentó abordarlo pero se negó. Concretamente, la colega Beatriz Priotti le pidió su opinión sobre los lapidarios dichos de Elisa Carrió sobre Bonfatti y el diputado Galassi, pero no accedió. Fue el único socialista que no repudió las palabras de Lilita. ¿Será parte de la estrategia para seducir al gobierno nacional?

 

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