Cuando importa más lo que se dice que lo que pasa

|| Opinión
Compartir

El discurso de la estigmatización parece haberle corrido el norte de los funcionarios que están más pendientes de los informes periodísticos que se emiten en Capital Federal sobre Rosario que por la violencia que se vive desde hace tiempo en la ciudad.

Tanto el gobierno municipal como provincial vienen sosteniendo desde hace tiempo que en materia de inseguridad y narcotráfico la ciudad de Rosario está siendo estigmatizada por el periodismo porteño. Ese argumento, que no es nuevo, se volvió a escuchar de manera repetida hace un tiempo cuando en la misma semana se detuvo a Monchi Cantero y un barrabrava de Newells era asesinado en la puerta del club ante la atónita mirada de transeúntes y socios de la entidad. Una semana antes de estos dos hechos que tuvieron trascendencia nacional, algo que molesta y mucho dentro del socialismo,  otro crimen ganó la tapa de los diarios: el de Cara de Goma, el lugarteniente de Pillín Bracamonte en la hinchada de Central quien fue ultimado de un tiro en el barrio 7 de Septiembre.

Estos hechos son apenas una triste pincelada de lo que está pasando en Rosario, ciudad elegida  desde hace tiempo para el accionar mafioso. Las causas son muchas y variadas, pero lo que queda claro es que existe una responsabilidad política por estos sucesos cargados de violencia y muerte. Responsabilidad que al parecer nadie quiere o puede asumir. Esto explica en parte el repetido discurso de la estigmatización.

Cuando las autoridades dicen que la violencia, la inseguridad y el narcotráfico no son flagelos exclusivos de Rosario están en lo cierto. Ahora lo que no se puede hacer es usar eso para justificar lo que pasa. O lo que es peor para justificar la inacción. Es verdad que el narcotráfico es un delito federal y que de él debe encargarse el Gobierno nacional. Tan real como que el problema de Rosario no es sólo el narcotráfico. Entraderas, escruches, arrebatos, crímenes en ocasión de robo son una constante por estos lares. Y en esto no hay escusas, son ellos los responsables de prevenir el delito.

En abril de este año se dio a conocer un trabajo elaborado por el Ministerio de Seguridad de la Nación el que da cuenta de que Santa Fe ostenta la tasa de homicidios dolosos o intencionales más alta entre todas las provincias del país. La primera reacción que tuvo la intendenta Mónica Fein ni bien conoció los números fue recurrir a la trillada frase de la estigmatización, además de sostener que no creía en ese informe porque el gobierno anterior era el que fogoneaba la campaña contra la provincia.

“En Rosario no hay barrios tomados por el narcotráfico y no vamos a tolerar de ninguna manera que sigan estigmatizando a la ciudad y a la provincia”, declaró el gobernador Miguel Lifschitz allá por el mes de enero cuando un canal de televisión porteño puso al aire una nota con el entonces prófugo Monchi Cantero. Y fue más allá: “Nadie puede ignorar que en la villa 1.11.14, a metros de la Casa Rosada y de todos los canales de Buenos Aires, está el enclave mafioso más importante que hay en la Argentina. Allí sí que no entra ni el Estado ni las policías nacionales o metropolitana, ni los medios nacionales”.

Tiempo después de esas declaraciones este cronista le consultó al ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro si aquellos dichos del gobernador se ajustaban a la realidad teniendo en cuenta que más de una banda narco tiene a mal traer a los vecinos de las zonas más vulnerables. El funcionario no sólo avaló los dichos de su jefe político sino que manifestó estar “harto” de los medios de comunicación porteños que hacen foco de lo que pasa en Rosario.

Pullaro no está harto ni del narcotráfico, ni de la inseguridad, ni de la violencia. Pullaro dijo estar harto de lo que dicen los medios porteños sobre Rosario. Hasta acá nadie ha sabido decir a ciencia cierta qué se gana y quién gana estigmatizando a esta ciudad. Pero más allá de eso, lo más preocupante es que a los funcionarios municipales y provinciales parece preocuparles más lo que dicen fuera de Rosario que lo que pasa dentro de Rosario. Tal vez ahí pueda empezar explicarse, en parte, el fracaso de las políticas públicas contra la inseguridad.  

Noticias relacionadas