Cuando el deporte es sinónimo de inclusión social

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Alejados de los grandes suplementos deportivos, muchos atletas que poseen capacidades diferentes logran sortear obstáculos y derrumbar barreras. No obstante, la falta de ayuda estatal es uno de los principales escollos para que estos deportistas puedan desarrollar sus actividades.

El deporte requiere sacrificio y fuerza de voluntad. Así, para superarse son muchos los atletas que entrenan y desarrollan sus actividades en condiciones adversas. Más allá de las grandes marquesinas del deporte profesional, también están las historias, anónimas a veces, de deportistas que cuentan con capacidades diferentes y que son un ejemplo de superación personal.

Rosarionoticias.info charló con Cristian Tiralongo, quien practica básquet adaptado, y con José Mansilla, que juega al powerchair, una disciplina en franco ascenso.

“Yo arranque en el 2005 con el básquet adaptado. Mis kinesiólogas me sugirieron que haga deporte y por eso me acerqué  a la bajada Belgrano,  al complejo municipal.  Me gustó el deporte y arranqué. Los chicos me recibieron bien y ya hace 11 años que juego”, señaló Tiralongo, de 24 años, quien padece mielomeningocele, una malformación en la columna donde no se terminan de formar las vértebras de la columna.

Por su parte José Mansilla, de 21 años, juega desde el 2013 al powerchair, fútbol en silla de ruedas a motor. La historia de José también habla de superación personal y de derrumbar barreras. Fanático del fútbol, José nació en Santiago del Estero con una afección que se llama artrogriposis congénita múltiple y a pesar de esta adversidad esto no le impidió desarrollar su pasión por el deporte.

Por cuestiones económicas, la mamá biológica de José lo dejó en el hospital de Santiago, donde le diagnosticaron que tenía una esperanza de vida de tres meses. Sin embargo, una monja del Cotolengo Don Orione de General Lagos, donde José vive actualmente, se especializaba en cuidar bebés e hizo todo el esfuerzo para traerlo. “Gracias a ella pude hacer primaria, secundaria y terciario con total normalidad. Si ella hubiera bajado los brazos no sé si te estaría contando esto”, relató José.

A su vez, cuenta que desde el 2013 juega al powerchair gracias al esfuerzo de una pareja, Claudio y Fabio, quienes introdujeron este deporte en Rosario y lo convocaron a ser parte de las Máquinas Guerreras, el equipo que entrena en el Cruce Alberdi de Rosario Central.

Cristian, por su parte, cuenta que juega en un torneo nacional con 10 equipos, donde recorren distintas provincias. En ese sentido, dijo que ahora se están haciendo pentagonales que reúnen a los cinco equipos en un mismo lugar para jugar un fin de semana los cuatro partidos y, de esta forma, abaratar costos.   

El tema del apoyo económico es fundamental para que este tipo de deportes puedan llevarse a cabo. Así, Cristian ejemplificó: “Teníamos subsidios del gobierno provincial y este año nos dijeron que hasta el 2017 no nos iban a dar más plata. Dieron el primer subsidio y cuando se volvió a pedir dijeron que no tienen plata. Por eso tenemos que buscar sponsors por otro lado”.

Un tanto más complicado es el panorama para José, teniendo en cuenta que, por ejemplo, una silla para practicar powerchair cuesta alrededor de 120 mil pesos. En este caso, otra vez el tema de los traslados es fundamental.  

“Como el deporte no es profesional ni de alto rendimiento no hay becas. Las becas deportivas para prácticas adaptadas tienen que tener ciertos requisitos: una de ellas es que el deporte no sea amateur y tiene que ser de alto rendimiento. Y este deporte todavía no cumple con muchos de los requisitos para ser becados. Por eso, se nos complica mucho el traslado. Tenemos que trasladar la silla y en un auto común no entra”, señala José, quien por este motivo se encuentra momentáneamente alejado de las prácticas.  

Casualidad o no, ambos extienden su afición por el deporte al plano profesional ya que ambos sueñan con ser periodistas deportivos. Cristian se encuentra cursando el último año en TEA, mientras que José ya se recibió y está a la espera de alguna oferta laboral.

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