Crisis, herencia y terapia de shock

|| Opinión
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“La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre” es un libro de Naomi Klein, editado en 2007. En dicha obra, la autora vincula este tipo de terapia utilizada en experimentos por la CIA para “borrar” y “reeducar” a determinados pacientes, estableciendo un paralelismo con la terapia de choque económico, donde gurúes del libre mercado aprovechan momentos históricos de crisis económicas, guerras, catástrofes naturales y cataclismos financieros, para que una sociedad acepte como válidos un recetario que incluye privatizaciones, ajustes, recorte de gasto público, entre otro tipo de políticas neoliberales ideadas por la Escuela de Chicago, cuyo máximo referente fue Milton Friedman.

Así, se exponen casos como los de Chile, Argentina, Brasil, y el cono sur en general, donde, a través de la tortura, se impuso durante los años de plomo las políticas de los “Chicago boys”. Además, se citan casos como los de Polonia, Rusia, Sudáfrica y los tigres del sudeste asiático, entre otros, como víctimas de esta fórmula de ajuste como única salida a un “desastre financiero”. Todo en un marco de confusión generalizada, escenario ideal para apelar a los preceptos del libre mercado.

Ahora bien para hacer un paralelismo local, el Gobierno, discursivamente, está apelando a la “pesada herencia” para justificar medidas que, a todas luces, son impopulares. De esta manera, tarifazos, inflación en ascenso y despidos son exhibidos como medidas “dolorosas”, tal como las definió Macri, pero necesarias.

No es casualidad que el Gobierno decretara la emergencia en seguridad, energía y estadística, abonando a la teoría del “desastre” con el que se encontraron a partir del 10 de diciembre del 2015. En esa misma línea se encuentra el tema empleos, donde el Ejecutivo rechaza una ley antidespidos, y esgrime que no se genera “empleo de calidad” en el marco de un “estancamiento” de la economía en los últimos cinco años.

Sin embargo, y a pesar del cepo estadístico, fue el propio director del Indec, Jorge Todesca, quien confirmó que en el 2015, la economía experimento un crecimiento del 2,1 por ciento. En cuanto el empleo, de acuerdo a los datos de la AFIP, el trabajo registrado incorporó a unos 830 mil personas entre empleo público-privado durante el lustro 2010/2015. Hace un par de semanas, en el día del trabajador, fue el mismo Maci quien señaló que el kirchnerismo ocultó el desempleo con “trabajo público inútil”. O bien no hay un entrecruzamiento efectivo de datos, o se planea generar un clima discursivo para justificar medidas que, en situaciones normales, no se aceptarían.

Con todo, cabe destacar que el empleo informal, durante el kirchnerismo, se mantuvo por encima del 30 por ciento, en una de las grandes deudas de su gestión. Así, la precarización laboral se mantuvo inalterable durante las administraciones de Néstor y Cristina.

El escenario que plantea Cambiemos, prometiendo un segundo semestre de vacas gordas y lluvia de inversiones, soslaya una problemática acuciante como los despidos. Es más, el documento suscrito por empresarios - consistente en una carilla-, no reafirma un compromiso serio por más que adhieren a mantener su plantilla por un plazo de 90 días. Además, el acuerdo no fue refrendado por el Estado como actor, por lo que parece insuficiente para paliar un contexto de crisis de empleo.  El Gobierno, en tanto, prometió que vetará la ley antidespidos, en caso de que prospere en el Congreso, por lo que habrá que ver hasta donde se puede tensar la cuerda entre el contexto  de “desastre” que plantea el Ejecutivo y el bolsillo de los trabajadores.  

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