Cambio

|| Opinión
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“Cambio, cambio, cambio”. No se trata de un arbolito de calle Córdoba, sino de la muletilla y principal estrategia de marketing político de las últimas elecciones presidenciales. Es que los asesores han logrado instalar comunicacionalmente esta necesidad de un cambio en la sociedad. El concepto, válido pero remanido, caló hondo en una ciudadanía bombardeada mediáticamente y, vale decir, cansada de un calendario electoral por demás de cargado.

Así, un mensaje seductor pero vacío de contenido fue asimilado como verdad revelada. No es que la sociedad no necesite un cambio, sino que el mensaje es engañoso si el mismo no se explicita y se da a conocer claramente. Con todo, el triunfo de Cambiemos es el fiel exponente de un marketing político sin precedentes en la sociedad argentina.

Es más, se trata de la primera vez que la derecha logra imponerse democráticamente en elecciones libres. El dato no es para soslayar. De hecho, es para celebrar que sectores conservadores logren articular un proyecto político a través de las urnas. No obstante, resta saber cuál es el perfil del tan mentado cambio, teniendo en cuenta que las propuestas y los programas brillaron por su ausencia durante la campaña proselitista.

Otra de las muletillas de campaña fue la presentación de equipos. “Tengo el mejor equipo de los últimos 50 años”, vaticinó Macri antes de convertirse en presidente electo. Sin embargo, luego de retacear los nombres, los elegidos fueron finalmente anunciados. Esto evidenció que la renovación tan declamada por el Pro no era más que un lavado de cara para funcionarios que ya estuvieron involucrados en casos como el megacanje o la baja de jubilaciones durante el gobierno de la Alianza. Poco de cambio y mucho de lifting.

Cabe reflexionar, en tanto, sobre la historia política pendular de nuestro país. Así, pasamos de gobiernos populares a neoliberales, de gobiernos con fuerte intervención estatal a gestiones más proclives al mercado. La alternancia siempre es saludable, y la necesidad de un cambio también. No obstante, la argentina tiende a borrar con el codo lo que escribe con la mano, dando la impresión de que cada 4 años (en este caso excepcional hablamos de 12 años) siempre se vuelve a empezar de nuevo, en una especie de deja vu político.

La historia se repite como tragedia primero y después, como comedia. Y nuestro país no es ajeno a esa suerte de karma político. Así, como alguna vez el país experimentó un proceso de “desperonización” ahora quizá presenciemos un proceso de “deskirchnerización”. De esta manera, la política exterior integracionista con latinoamérica, parece, le dejará lugar a un nuevo acercamiento con Estados Unidos. A su vez, de un proceso de reindustrialización todo hace suponer un regreso a la exportación de commodities.

Ante este panorama, resta saber la gradualidad de los cambios propuestos en materia económica y política. A su vez, habrá que ver qué papel jugará el FpV, por primera vez oposición luego de 12 años al frente del Ejecutivo. Así, todo está por verse en una gestión que se promete como innovadora y abanderada del cambio, pero que apuesta más a las formas y una discursividad ajena a la política y más cercana al mundo de los negocios y empresarial.

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