Bunkers de drogas, la meca de la explotación infantil

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Esas corazas de cemento se transformaron en un lugar ideal para esclavizar menores. En 2012 el jefe de la Policía Aeroportuaria había dicho que Rosario es el único lugar del país donde se reduce a la servidumbre a chicos para vender sustancias prohibidas.

En el cuestionado informe presentado por el controvertido Jorge Lanata en su programa Periodismo Para Todos sobre el narcotráfico en Rosario, el periodista mostró su asombro por la figura del bunker, esas construcciones cuasi blindadas que se erigen en las zonas más vulnerables de la ciudad y donde se comercializan todo tipo de drogas. Para el fundador de Página/12 esto “habla de la complicidad del Estado con la droga, ya que por tratarse de una actividad ilegal es ilógico que el puesto de venta sea fijo”. Lo concreto es que estas estructuras sirven a las bandas de protección, tanto para comerciar con cierta tranquilidad -no hay bunker cuya existencia la Policía desconozca- como para defenderse de los ataques de otras organizaciones que pugnan por la explotación del territorio. Como si todo esto fuera poco, estas corazas de cemento se transformaron en un lugar ideal para la explotación de menores.  

“Los bunkers de ventas de drogas comenzaron a proliferar en los años 90 en tres grandes sectores del país: el Gran Rosario, el Gran Buenos Aires y el Gran Córdoba. Y lo hicieron como modo de defenderse primero de las balas de la policía y más tarde de los ataques de otras bandas narcos”, le explicó a RosarioNoticias.info, el diputado provincial Carlos Del Frade.

La aparición de los bunkers es directamente proporcional al crecimiento del consumo. En los años 70 y 80 la venta de drogas se realizaba en algunos boliches de clase alta y algunas plazas. Del Frade, que es autor entre otras obras del libro Ciudad blanca, Crónica negra: historia del narcotráfico, explicó que la comercialización de estupefacientes en espacios públicos es una práctica que en la actualidad se sigue dando en algunas comunas de la provincia. “Hay horarios determinados en pueblos donde llega el vendedor con su mercancía”.

La explotación de menores

Horacio Tabares es psicólogo y referente de la ONG Vínculos, entidad que desde hace 25 años trabaja en barrios de Rosario con la problemática del consumo de drogas. El especialista hizo una cruda descripción de las condiciones a las que son sometidos los menores que venden sustancias prohibidas en los bunkers de la ciudad.

Para Tabares la única diferencia que puede existir entre las “bocas de expendio” de drogas de la provincia de Buenos Aires y las de Rosario, es que “posiblemente las de acá sean más sórdidas”. Pero más allá de lo lúgubre del lugar, tal vez lo más terrible sea la explotación a la que son sometidos los menores que allí hacen las veces de vendedor.

“Esclavizan a pibes a los que dejan 12 o 13 horas por día prácticamente sin darles de comer. Tienen que orinar y defecar en el mismo espacio. Realmente es una situación de sometimiento que no se compadece con el Siglo XXI”, detalló el referente de Vínculos, para quien con estos casos se “está violando sistemáticamente la Convención Internacional de los Derechos del Niño”.

“Rosario es el único lugar donde se reduce a la servidumbre a menores encerrándolos por 24 horas para vender droga en una pieza pequeña con solo un agujero por donde pasa el dinero y la droga. En cualquier villa de Buenos Aires al narco que haga eso lo matan a ladrillazos”, sentenció en 2012 el entonces jefe de Policía de Seguridad Aeroportuaria, Fernando Telpuk. Pasaron cuatro años y todo sigue igual.

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