Bossa o tango: cada vez más jóvenes brasileños se radican en Rosario

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Ya sea por estudio, trabajo o para descubrir una cultura diferente, son muchísimos los jóvenes del vecino país se radican en nuestra ciudad. El clima, la comida y la oferta universitaria, al tope de las razones por las que eligen quedarse. A su vez, también destacan la hospitalidad del rosarino.

“Cerca, Rosario siempre estuvo cerca”, cantaba Fito Páez en su “Tema de Piluso”, del disco Circo Beat, editado en 1994. La canción bien podría ser la banda de sonido de muchos jóvenes brasileños que, ya sea por trabajo o por estudio, han decidido visitar o radicarse en nuestra ciudad. La oferta universitaria, la comida y el clima, figuran al tope de las razones por las cuales muchos eligen quedarse.

Este año se inscribieron unos 1300 alumnos brasileños a la carrera de Medicina en la UNR. Para explicar este fenómeno, hay que indagar en la accesibilidad a los estudios superiores en el vecino país. “En Brasil las universidades privadas son muy caras y en las públicas hay muy pocos cupos”, explica Basilio Alison, presidente de la Asociación Brasileña (Abra) en Rosario, una entidad civil que brinda asesoramiento  a los recién llegados.

“Ayudamos con la parte legal y la documentación. Además,  brindamos talleres y asesoramos con los trámites”, dijo Basilio a Rosarionoticias.info, y agregó que la ayuda no se circunscribe a ciudadanos brasileños, sino que también asisten a jóvenes provenientes de Chile, Colombia y Haití, entre otros. La principal traba que se encuentran quienes arriban a Rosario es el alojamiento, ya que los jóvenes no cuentan con garantías propietarias y es ahí donde Abra asiste a los recién llegados.

Sin embargo, la gran afluencia de jóvenes brasileños no se limita a razones meramente académicas. También hay otras historias que hablan de un fenómeno que trasciende el histórico idilio de los brasileños con Buenos Aires, por su arquitectura y gastronomía, o por Bariloche,  con la nieve y su oferta invernal.

Así, son muchos los que destacan a Rosario por amabilidad de la gente o por lo ordenado que es el tránsito, por más que esto le haga ruido al oído de cualquier automovilista de nuestra ciudad.

“Ustedes son re amables y gentiles. Cuando yo llegué a Rosario, nunca había vivido en otro lugar y no hablaba nada de castellano”, dijo Maíra Fernandes Melo, de 33 años, quien arribó a Rosario en 2013, luego de haber conocido Buenos Aires y Bariloche, ciudades que le gustaron pero que no llegó a “amar”, como sí le pasó con Rosario.

Y agregó: “Cuando llegué, la ciudad me pareció muy chica”. Luego admitió que fue conociendo Rosario y descubrió que es una gran ciudad pero sin las “cosas malas” de una gran urbe. “Yo sé que ustedes piensan que la violencia por las drogas es terrible y que el tráfico en hora pico en el centro es de terror, pero imagínate que yo venía de Rio de Janeiro! Rosario me pareció tener el tamaño perfecto para una ciudad: ni muy chica ni tan grande”, dijo esta estudiante de Literatura, que arribó a estos pagos por un convenio entre su universidad y la UNR.

“Yo me quedé viviendo en Rosario solamente por 3 meses, pero me parecieron 3 años, por todo lo intenso que fue”, señaló la joven carioca, al tiempo que aclaró que después del 2013 volvió a la ciudad para diversas actividades, tejiendo una red de amistades y vínculos que se mantienen hasta hoy. Así, cuenta que logró participar de una feria autóctona de literatura en Rosario, donde pudo publicar un libro con poemas de su autoría y de dos colegas. Además,  en estos años participó de congresos y coloquios, al tiempo que se relacionó con gente de argentina que la fue a visitar y, a su vez, envalentonó a amigos suyos de Río de Janeiro para que conozcan Rosario. Es más, hoy en día formaron un grupo de whatsapp que se llama “rosariocas”. “Esto es lo que somos. Lo que yo soy seguro: rosarioca”, dice orgullosamente.

Distinta, pero no menos apasionada, es la historia de Circe, también carioca, de 28 años, quien llegó por primera vez a la ciudad en 2007. Su madre estaba haciendo un doctorado, en el marco de una beca, y así fue como vino a visitarla, en un viaje que incluyó un itinerario por ciudades más “turísticas” que la nuestra. De esta forma, la joven cuenta que recorrió Buenos Aires, Salta, Tucumán,  Jujuy y, obviamente, Rosario.

“Salta realmente es la linda, me encantó. Tucumán y Jujuy no me llamaron tanta la atención. Y Buenos Aires para mi era nada más que una ciudad grande, con gastronomía muy desarrollada y grandes centros de compras. Pero Rosario... Rosario me enamoró!”, expresó con entusiasmo.

Y añadió que en ese viaje creó “un vínculo” con la ciudad. “Me fui de Rosario ya diciendo un día vengo a vivir acá y volví  en los años siguientes pero apenas de vacaciones”. Luego, regresó a su vida cotidiana en Brasil, donde estudiaba Artes Escénicas, no para convertirse en actriz, sino para dedicarse a la teatrología. Además, cuenta que volvió a Rosario en los años siguientes, pero sólo de vacaciones.

La muerte de una familiar y una ruptura sentimental hicieron que el panorama cambiara radicalmente. Por eso, en noviembre de 2012 un viaje de rutina mutó en una aventura que dura hasta el día de hoy. “Era la primera vez que venía a Rosario sin mi mama y yo no sabía hablar nada de castellano. Aun así estaba dispuesta a quedarme. Quería descubrir la ciudad de otra forma. Una forma mía, solo mía. Vine para quedarme una semana, me quedé 25 días y cuando volví a Brasil fue para buscar los documentos, ropa y lo que fuera necesario para radicarme en Rosario”, apuntó.

Cerca de los 7 mil brasileños  residen en Rosario, según los datos de Abra. Al ser consultadas por el período de adaptación a una cultura distinta, tanto Maíra como Circe resaltan valores como la amabilidad y la gentileza en el trato de los rosarinos, y también la curiosidad por aprender de una cultura distinta.

“Cuando llegué para vivir acá no sabía hablar castellano y tuve la prepotencia de pensar que como sabia ingles iba a safar. Conocía muy pocas personas, tres en verdad, pero ellos tenían sus vidas, no podían estar pendiente de mí así que cada salida a la calle era una aventura. Ir al kiosko era una aventura. Era muy divertido”, señaló Circe.

Y agregó: “Soy una persona muy sociable y también muy curiosa. Siempre quiero saber más, siempre hay una pregunta más por hacer. Y los argentinos, más bien los rosarinos, también son así. Por lo menos en lo que dice respeto a Brasil”.

Así, el idioma no fue tanto una barrera, sino un motivo para acercarse e integrarse. Maíra, que fue bautizada Mayra por sus amigos rosarinos, habla de derribar ese mito de animosidad entre brasileños y argentinos que, efectivamente, se da en el fútbol, con una gran rivalidad, pero que en lo cotidiano no es tal.

“En Rosario yo siempre fue muy bienvenida. Cuando que se enteraban que yo era brasileña me decían ´ah, qué lindo´. Y no hablo de mis pares en la universidad. Hablo de las personas por la ciudad, de los quioscos, del súper, de las librerías y cafés”, dijo Maíra.

Algo similar cuenta Circe. “Al principio nadie me daba pelota o tenia algún interés especial por mí, hasta que abría la boca. Cuando se daban cuenta que yo era de afuera, se interesaban, y cuando se enteraban que era de Brasil era peor. Ya éramos mejores amigos en esta primera charla! Me invitaban a salir, a ir a comer. Me sentí muy bien recibida. Creo que nunca más voy a tener esta sensación en la vida en ningún otro lugar del mundo”, explicó.

Con todo, basta recorrer los bares, la facultad de medicina o una cancha de fútbol 5 para escuchar hablar portugués con acento carioca, paulista o quizá un “portuñol” si es que hay algún recién arribado o un amigo argentino cerca. Es que ya sea con un poco de bossa nova, samba, o de rock nacional, lo cierto es que para muchos jóvenes brasileños, Rosario está “cada vez más cerca”.

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