Ahora van por la política

|| Opinión
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No es casual que el diario La Nación haya decidido publicar una nota en la que según una encuesta en Argentina “sólo uno de cada diez ve a los dirigentes con buenos ojos”. El gran triunfo de la derecha durante los 90 fue lograr la desmovilización de la sociedad.

Las similitudes entre los años 90 y este presente se hacen cada vez más evidente. La apertura indiscriminada de las importaciones, los intentos flexibilizadores en materia laboral, la demonización de todo lo que tiene que ver con el Estado, la creciente recesión, la suba de tasas favoreciendo la timba financiera, entre otras tantas cosas, forman parte de una repetida receta que se da cada vez que la derecha, sea por la vía que sea, llega al poder. Y hora, al igual que hace 25 años, van por lo que más deprecian: la política.

No es casual que el diario La Nación haya decidido publicar una nota en la que según una encuesta en Argentina “sólo uno de cada diez los ve con buenos ojos”. Muy hábilmente se lo presenta como una recriminación a la dirigencia. Lógicamente haciendo hincapié en la corrupción, como si fuera un mal que se apodera únicamente de los políticos, ojalá fuera tan simple.

Históricamente nuestra sociedad se ha caracterizado por los altos niveles de politización. En los hechos todavía los sigue teniendo, lo que se perdió fue la participación en política. Fue el gran triunfo de la derecha durante la década del 90, desmovilizar a la población. Eso les sirvió para llevar a cabo sus políticas de exclusión.

Antes, la metodología era la represión, durante el menemato y el gobierno de la Alianza lograron, a través de la persuasión, convencer a muchos que el mal de todos los males estaba en la política. Ese reducto lleno de gente inescrupulosa que malgastaba todo nuestro dinero. Fue ahí cuando los tecnócratas económicos vivieron su mejor momento y el país el peor, desde luego.

El final de la historia es conocido. El poder de movilización se recupera de la peor manera, en el peor momento. Algunos pedían que les devuelvan sus ahorros, otros sus trabajos y los más vulnerables pedían comida. “Piquete y cacerolas, la lucha es una sola”, se escuchaba en las calles de las grandes ciudades, además del recordado “que se vayan todos”.

Entre otras tantas inexactitudes que tiene la crónica que publicó La Nación se destaca el enfoque desde donde se plantea que durante todos estos años no se pudo revertir la desconfianza hacia los políticos. Nada más alejado de la realidad. En la década y pico que gobernó el kirchnerismo volvieron los mítines políticos, lógicamente aggiornado porque los tiempos han cambiado. La juventud volvió a interesarse por las cuestiones políticas, volvió a militar. Tal vez eso sea lo que más molesta. Por eso se quejaron tanto cuando les dieron la posibilidad a los mayores de 16 años de concurrir a las urnas si es que así lo deseaban.

Pero la política no solamente sirvió para recuperar a la política. También sirvió para recuperar la economía y para mejorarle la calidad de vida a mucha gente. La sustitución de importaciones, el cobro de retenciones, los subsidios a la energía, las ayudas a las empresas en dificultades, la recuperación de las escuelas técnicas para contar con mano de obra calificada, el regreso de científicos al país.  Todo eso se pudo lograr por una única razón: porque se tomó la decisión política de hacerlo.

De todos modos no hay que confundirse. El hecho que quienes hoy nos gobiernan casi no tengan antecedes en política no significa que no hagan política. Hacen la política que a ellos más los beneficia que es la transferencia de recursos de los que menos tienen a los más tienen. No es necesario ahondar en explicaciones, alcanza con recordar las medidas que se tomaron en este último año.

 

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