Adiós al discurso de la estigmatización

|| Opinión
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Tras la marcha Rosario Sangra esa palabra dejó de escucharse de boca de las autoridades. La nueva estrategia pasa por demostrar que la inseguridad no es privativa de esta provincia. Mientras tanto, esperan ansiosos la llegada de las fuerzas federales.

Luego de la primera marcha Rosario Sangra, el socialismo parece dispuesto a dejar de recurrir a la gastada muletilla de la estigmatización. El costo de no querer asumir la responsabilidad que le cabe tanto al gobierno provincial y como municipal por lo que pasa en la ciudad en materia de seguridad parece ser demasiado alto. Sin embargo, lejos de ensayar una autocrítica, la nueva estrategia es tratar de demostrarles a los santafesinos que no se trata de un problema privativo de esta provincia. Esa es la razón por la cual hace pocos días se lo escuchó al gobernador Miguel Lifschitz sostener que "nadie en Argentina puede exhibir políticas exitosas en materia de seguridad”. Lo que no dice el mandatario es que Rosario duplica la media nacional en homicidios y que tiene el índice más bajo de crímenes esclarecidos.  

Es un secreto a voces que la reunión de la semana pasada entre el gobernador y la ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich no fue lo buena que dicen que fue. El gobierno nacional no confía en la policía santafesina por eso apunta directamente a una intervención, lo que significaría un duro golpe para la gestión de Lifschitz, quien asumió asegurando que sabía cómo terminar con la inseguridad. Esa es la razón por la que después de ese encuentro el mandatario provincial salió a recorrer los medios locales para explicar que la llegada de agentes federales se demora porque se están ultimando detalles de coordinación.

Hablando de recorrer medios, existe un fuerte rumor que el gobierno provincial envió hace unos días a un emisario a visitar redacciones de diarios, estudios de radios y televisión pidiendo que no le den tanta importancia a la próxima marcha por seguridad y justicia. Es sólo un chimento, pero el socialismo tiene un pasado que lo condena. Hace unos años logró torcer la voluntad del matutino de mayor tirada en la ciudad cuando éste había decidido pasar a las primeras páginas los casos policiales. Bastaron un par de llamadas para que las crónicas volvieran a su lugar de origen, las últimas hojas. Sin dudas el caso más emblemático es el del periodista Ariel Bulsicco quien terminó pagando con su puesto la osadía de haber dicho que la de Mónica Fein es la peor intendencia desde el regreso de la democracia.

Volviendo al tema de la inseguridad es necesario salir al cruce de algunos conceptos que se han vertido luego del cónclave Lifschitz – Bullrich. Tanto desde el socialismo como desde el Pro  coincidieron en destacar que de nada servirá hacer un desembarco cinematográfico (en referencia a la llegada de Sergio Berni a Rosario en abril de 2014) y tener a los gendarmes unos meses sin resolver el problema de fondo. Visto desde esa perspectiva no habría nada para objetar. Sin embargo, ya se sabía que la permanencia de las fuerzas federales en Rosario tenía de fecha de vencimiento. Fue un acuerdo entre el entonces gobernador Antonio Bonfatti y el gobierno de Cristina Kirchner.

Fue el propio Bonfatti quien se comprometió a aprovechar ese tiempo en el que Gendarmería y Prefectura permanecerían en Santa Fe para capacitar a la policía local. La idea era que los efectivos provinciales copiaran la metodología de trabajo de los agentes que comandaba Berni, que básicamente consistía en una saturación de efectivos en las barriadas más complicadas.

Más allá de las chicanas, lo que queda claro es que hoy Lifschitz necesita salir de esta situación cuanto antes. A ningún gobernante le gusta tener a cientos de miles de ciudadanos en la calle. En nueve meses no ha podido encontrar la solución. Queda claro que el crédito se le agota y hasta es  injusto que así sea porque sus antecesores estuvieron mucho más tiempo que él en el poder, hicieron tan poco como él  y no tuvieron que soportar más que reclamos aislados y algún que otro cuestionamiento periodístico de ocasión. Pero es el lugar en el que le toca estar, por decisión propia y por el voto de los santafesinos.

Lifschitz sabe que el éxito o fracaso de su gestión en materia de seguridad en gran medida depende de lo que decida el gobierno nacional. No la pasó bien en su encuentro con Bullrich pero no se quejó, por el contrario dosificó el discurso. Resta saber hasta dónde está dispuesto a ceder.  

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