Fue una larga y extenuante jornada, que tuvo al país en vilo y que terminó de una forma tan inesperada como casi nunca antes había ocurrido en la política argentina. A las 4:25 de la mañana, y después de balbucear justificaciones frente al micrófono, el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, anunciaba su "voto no positivo" en el desempate en el Senado de la votación sobre el proyecto de retenciones móviles, y le asestaba al kirchnerismo el primer gran golpe desde su llegada al poder en 2003.
Con esa sorpresiva definición se ponía punto final a 126 días de conflicto entre el Ejecutivo y el denominado "campo", que terminó por dividir a la sociedad toda y que significó un antes y un después para el gobierno nacional y para la política argentina del siglo XXI.
Casi siete meses antes, Cristina Kirchner había llegado a la Presidencia con más del 46% de los votos, y había tomado la posta de su marido, Néstor Kirchner, que dejaba el gobierno con altos porcentajes de popularidad, y con un Congreso en el que contaba con mayoría en ambas Cámaras, y la casi garantía de gobernar sin obstáculos. Algo que iba a cambiar a partir de aquella madrugada.
Tras 18 horas de debate, la votación marcó una igualdad en 36. Y la pelota quedó en los pies de Julio Cobos. Fueron 6 minutos y 12 segundos en los que Cobos argumentó su decisión, por momentos balbuceó palabras, pidió "perdón" si se equivocaba, y habló de la institucionalidad de lo que el corazón le marcaba. A las 4:25 de la madrugada del 17 de julio, anunció que su voto no era "positivo", y desató los festejos del sector agrario y de la oposición política.
Lo que vino después es historia conocida: Cobos se convirtió en un enemigo íntimo del Ejecutivo, que lo trató de traidor tantas veces como pudo; el Gobierno tambaleó durante varios meses, y hasta sufrió un duro revés electoral en los comicios legislativos de 2009. La oposición se reacomodó, entre acuerdos y alianzas que incluyeron a senadores y diputados que dejaron el kirchnerismo tras el conflicto.
Pero fundamentalmente, el conflicto del campo terminó por enfrentar al Gobierno con las entidades agrarias, en una disputa con diferencias insalvables, y con heridas que, a cuatro años del "voto no positivo" de Cobos, aún siguen sin cicatrizar.
(Infobae)