La sanción del proyecto de matrimonio entre personas del mismo sexo fue utilizado como una bandera de igualdad por el Gobierno Nacional, algo que a priori resulta lógico y entendible si se tiene en cuenta que cualquier sector de la sociedad, por mayoritario o minoritario que fuese, debe hacerse acreedor a los derechos que cada ciudadano necesita y merece.
Por ese motivo, el compromiso de la presidenta de la Nación y sus funcionarios para con la aprobación de esta ley debe ser celebrado y saludado porque, indudablemente, resulta un paso adelante a la hora de aproximarse a la "igualdad" que se buscó desde el momento mismo en que el proyecto generó un álgido e incesante debate.
De todos modos, resulta por demás de llamativo que el mismo Gobierno que afirma bregar incansablemente por la abolición de las diferencias entre los argentinos, sea el que se tome el atributo de vetar la ley del 82 por ciento móvil, que indudablemente oficiaría como inclusiva para un sector tan duramente maltratado y castigado como el de los jubilados.
También roza lo insólito que la presidenta realce un anuncio oficial para ponerle un freno al avance de la mencionada ley emitiendo un aumento para el salario mínimo de las personas de la tercera edad y jactándose de haberlo estirado a los 1.046 pesos, una suma que es indigna y que no permite satisfacer las necesidades básicas en los tiempos que corren.
De igual manera, la falta de compromiso para con los jubilados no es responsabilidad única de este Gobierno en particular sino de todos los anteriores y fundamentalmente de la sociedad argentina, que desde hace décadas hace oídos sordos a los reclamos de aquellos que durante años trabajaron por este país y que fueron los encargados de criarnos, educarnos y formarnos a nivel educativo y especialmente a título humano.
Por ese motivo, tanto las autoridades políticas como cada integrante de la sociedad argentina debe luchar hasta el hartazgo por otra ley que realmente brindaría dignidad e igualdad y que, independientemente de las banderas políticas, es absolutamente necesaria para que nuestros jubilados puedan recuperar la sonrisa que hace tiempo han perdido.
Si el Gobierno se ha jactado de promulgar una ley de inclusión y los argentinos salimos a la calle a favor o en contra del matrimonio homosexual, es hora de tomar compromiso con causas que desde hace tiempo deben ser escuchadas y luchar por aquellos que han sido castigados y llevados casi hasta la pobreza por políticas miserables escudadas en fundamentos que resultaban increíbles incluso para quienes los defendían.