Una de las palabras que más se escucha, se lee y se sufre por estos días es "sequía". La tierra se quiebra, las lluvias no alcanzan y las decisiones políticas no llegan. Muchos opinan y dan cátedra sobre las posibles soluciones pero pocos son los que las toman. Y en medio de una lucha de poder de políticos y dirigentes, están expectantes los sectores directamente perjudicados, que de más está explicar que exceden al campo.
El tiempo pasa en dilataciones, anuncios que no se anuncian, provocaciones, respuestas con enojo. Pero hay quienes no dejan de mirar para arriba mientras ven que los animales se mueren, las siembras se secan y el alivio no llega. La naturaleza también se está tomando su tiempo y ¿qué hacer frente a eso?.
En el medio de esta situación quedó el conflicto agropecuario que dejó desecha la relación de las entidades del campo con el Gobierno nacional. Mientras el Gobierno se jacta de llevar soluciones a las provincias más afectadas del país, los chacareros afirman que no hay respuestas, repudian operaciones políticas y están seguros que la Presidenta está empecinada en confundir a la opinión pública.
Uno da vuelta la página de un diario y hay más palabras que se repiten: despidos masivos, conciliación obligatoria, plantas cerradas, sueldos atrasados, familias que penden económicamente de un hilo. Hay reuniones y más reuniones, propuestas y rechazos, arreglos que no conforman a nadie y acuerdos obligados.
Y no hace falta ver un diario, sino salir a la calle, para ver que hay quienes no llegan a fin de mes, que los precios levantan vuelo, que por más canje que se proponga los números no cierran. Que los robos aumentan, la violencia también.
Y estas palabras derivan directamente en sensaciones. Sensaciones que a veces dicen que no todo es tan malo como parece o que se desesperan por saber como va a terminar todo esto. Sensaciones encontradas que a sugieren paciencia o, de pronto, el impulso de buscar a los responsables, sentarlos en un sillón para que cumplan con sus obligaciones, porque los votamos para eso. Sensaciones que van y vienen, sensaciones que a veces creen que el país se seca.